Una buena noticia que no fue noticia


Un análisis de la inversión pública que alcanzó récord en el Perú


Estaba a punto de escribir mi columna para Jugo de Caigua y tenía el tema más o menos rumiado, cuando apareció en mi pantalla un hilo de Twitter que me llamó la atención. David Grández, funcionario del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), ha compartido que el 2021 hemos alcanzado un récord histórico de ejecución de presupuesto. Medido en miles de millones de soles, después de haber estado por ocho años alrededor de los 30, este 2021 casi hemos alcanzado los 40.

Se trata de una gran noticia que venía pasando desapercibida. Me puse a indagar, tanto con colegas como en Google, y no encontré rastros de ella. El MEF había publicado una nota de prensa este reciente 1 de enero con un análisis detallado acerca de este hito, ¿por qué no había aparecido en los diarios, la radio o la televisión? ¿Se trató de dejadez fiestera o de comportamiento estratégico? No tengo una respuesta clara, así que dejaré a los medios tradicionales seguir su rumbo ante mi mirada decepcionada. Parafraseando a uno de esos ídolos de mi generación, les diría: no culpen a las redes, no culpen a la gente, no culpen a los políticos, ¿será que dan la talla?  

Pero volvamos a la noticia, a la que trataré de sumar algo de análisis usando las cifras de la nota de prensa del MEF y de su portal de consulta amigable. Durante el reciente 2021, la inversión pública creció 38% respecto al año anterior. Una pregunta que se está poniendo de moda entre los analistas al mirar estos datos de cierre de año es: ¿cuánto de esto es rebote y cuánto es crecimiento adicional? Por lo general, la respuesta no es sencilla, pero si consideramos que la caída en inversión publica del 2020 respecto al año anterior fue 11%, aquí hay mucho más que rebote. En los años recientes, el mayor crecimiento que habíamos logrado se dio en 2018, con un 14% frente al año anterior. Así que el 38% alcanzado parece muy meritorio. 

Otra pregunta recurrente de los analistas frente a los datos del 2021 es: ¿cuánto es atribuible al gobierno de Sagasti y cuánto al de Castillo? Felizmente aquí los datos si permiten responder la pregunta y el resultado es contundente: la inversión publica tuvo un pico en mayo, seguido por montos de inversión muy altos en junio, abril, marzo y julio, en ese orden. En el último trimestre del 2021 la inversión pública cayó, muy claramente, a niveles de crecimiento negativos. Visto en perspectiva, aquí hay otro buen legado de Francisco Sagasti, Waldo Mendoza y los equipos que llevaron las riendas durante ese tiempo. 

Estos mayores desembolsos que se consiguieron con el gobierno anterior fueron resultado de buenas decisiones y acciones. David Grández analiza varias de ellas en su hilo de Twitter, dentro de las cuales destaco dos: las apuestas por una mayor inversión en los presupuestos de apertura y los acompañamientos personalizados a los funcionarios a cargo de las inversiones en los tres niveles del Estado (nacional, regional y local). El Gobierno tomóriesgos, pero a la vez puso mucho trabajo en el territorio para alcanzar sus metas. Esto se consiguió gracias a equipos técnicos y de gestión. Eso no se improvisa. Ojalá entienda el gobierno actual que allí tiene un pendiente enorme.

Y hablando de pendientes, aquí uno estructural: los gobiernos locales. Este es el nivel del Estado con la ejecución más baja de todo el aparato público. Las municipalidades provinciales, distritales y de centros poblados son 196, 1678 y 2740, respectivamente. Tener tantas entidades de ejecución presupuestal atomiza el gasto y hace difícil la coordinación. Pero hay un problema adicional, originado por la Ley del Canon: algunas de esas municipalidades –pequeñas, aisladas y con escaso capital humano— reciben enormes transferencias por canon minero. Reciben tanto que no pueden gastar. Vendría bien una revisión de las fórmulas de dicha ley para tomar en consideración la capacidad de gasto y las necesidades.

Luis Davelouis, con quien chateaba esta mañana sobre la noticia que no fue noticia, me hizo dos preguntas que resultan importantes para dimensionarla. ¿Cuánto del aumento de la inversión pública esta explicado por el gasto en salud (vacunas, infraestructura y personal)? ¿Y cuánto por la inflación? De los 38 puntos porcentuales que aumentó la inversión, entre 10 y 12 corresponden al aumento en gastos de salud y cerca de 7 a la inflación. Entonces, el aumento de la inversión pública, neto de salud e inflación, estaría alrededor de los 20 puntos porcentuales. Aún puede verse como un logro, pero hacen bien estos paños fríos para dimensionar mejor las cifras. Hemos ganado, pero tampoco nos ceguemos con triunfalismos: la primera mitad estuvimos bien, la segunda pésimo.

Otro antídoto contra los triunfalismos es la mirada comparada. Hace unos meses, CEPAL ya advertía que casi todos los países de América Latina venían aumentando sus inversiones públicas. Valdrá la pena revisar este fenómeno dentro de algunos meses, cuando los datos del cierre de 2021 estén disponibles para la mayoría de nuestros vecinos. Hemos batido nuestro propio récord, pero seguramente varios países lo han hecho también. 

Pero más allá de aplaudir nuestro aumento en la inversión pública, con euforia o con paños fríos, también hay que abrir paso a la discusión que sigue pendiente: la calidad del gasto. No basta con gastar más, hay que hacerlo mejor. Para lograrlo hay que introducir mayor eficiencia en el gasto público y equidad en sus resultados. Esto da para muchos debates. Que el 2022 nos regale oportunidades para ello.

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