Tropezar con la misma pandemia

Alejandra Ruiz León
enero 18, 2021


23 países nos comparten aprendizajes para las pandemias que vendrán


Hace unos años me regalaron una chalina de alpaca cuya etiqueta decía “lavar con cuidado y usar agua fría”. Cuando llegó el momento, fui obediente. Seleccioné el método “con cuidado” y añadí agua fría… pero en la lavadora. Apliqué el conocimiento, pero de forma incorrecta, y me quedé sin chalina. Enfocarme en lo textual me desvió de hacer más preguntas y me alejó del conocimiento popular que dicta que la alpaca se lava a mano. 

            Algo similar ha ocurrido durante la pandemia. Las instrucciones fueron dadas, pero el resultado no ha sido el esperado. 

            Ahora que hemos cambiado de año sitiados por la misma pandemia debemos seguir esforzándonos por reducir los casos y dejar de perder personas: apagar el incendio, pero pensando qué lo ocasionó y cómo reconstruir la casa para enfrentar los que vendrán. 

            Para ayudar a este objetivo, más de 50 investigadores, liderados por Sheila Jasanoff de la Universidad de Harvard y Steve Hilgartner de la Universidad de Cornell, han publicado el estudio CompCore, Comparative Covid Response (Respuesta Comparativa al Covid-19).El documento recoge la manera en que 23 países, incluido el nuestro, han respondido a la pandemia. 

            El estudio empieza enumerando algunos mitos que podíamos haber creído en enero de 2020, pero que ahora, cómo mínimo, nos generan suspicacia. 

            “Un manual puede manejar una plaga” sería el primero de la lista. 
Las instrucciones son necesarias porque nos dan direcciones y recogen experiencias del pasado, pero, así como me pasó con la chalina de alpaca, no siempre traen respuesta a la incertidumbre: ¿con lavadora o a mano? ¿Cuarentena o restricciones?

            Melina Galdos, una de las investigadoras peruanas que participó en el estudio[1], detalla que “si bien un manual no nos va a dar todas las soluciones para enfrentar una futura pandemia, es importante que sistematicemos las lecciones”. Ante una situación de constante cambio, es necesario que nuestras instituciones y sus directivos puedan ser flexibles ante la evidencia y realicen los cambios pertinentes. 

            Otros mitos señalados por el estudio, y cuyo derrumbe se ha vivido de forma particular en los países estudiados, son los siguientes:

“En una emergencia, la política toma un segundo plano ante las políticas públicas”.

Cambios de ministros y hasta de presidentes nos han demostrado que la pandemia no ha puesto a la política en segundo plano. Aunque en Perú no hemos llegado a los niveles de politización de la ciencia vistos en Estados Unidos, sí hemos tenido nuestras propias anécdotas: candidatos antivacunas, políticos que anteponen la automedicación a los estudios clínicos, entre otras situaciones que nos gustaría olvidar, pero de las que hay que aprender.

            “Los indicadores de éxito o fracaso son claros y podemos medirlos”.

            Estos meses hemos visto lo difícil que es medir la realidad: los indicadores no son claros y tampoco son fáciles de medir. Especialmente en una realidad como la nuestra, donde la informalidad y la falta de estandarización le sacan la vuelta a cualquier cifra. 

            “Los consejos científicos ayudan a diseñar mejores políticas públicas”.

            Con el poco consenso que encontramos en las autoridades, los científicos nos preguntamos constantemente si los consejos de los expertos llegan a oídos sordos. Peor aún, nos preguntamos si llegarán a algunos oídos. 

            “La desconfianza en consejos de salud pública se debe al analfabetismo científico”.

            Este mito resuena especialmente en mi trabajo. Es importante conocer la diferencia entre un virus y una bacteria, pero también hay que saberla comunicar. Hemos visto, una y otra vez, cómo el conocimiento científico está presente en las campañas del gobierno, y cómo cualquier esfuerzo se pierde con una declaración inoportuna o una conferencia de prensa mal estructurada. Difundir conocimiento y generar confianza forman una dupla cada vez más inalcanzable. 

            Habernos dejado guiar por los mitos anteriores nos llevó a cometer errores que ahora no perdonaríamos, pero la verdad es que cada pandemia trae sus particularidades. Lo importante es aprender de los errores: ordenada y reflexivamente. 

Como destaca Melina, los ciudadanos debemos respaldar iniciativas que “gestionen el conocimiento que nos deja la pandemia: es importante sistematizar lecciones”. Los aciertos y errores que hemos cometido pueden ser utilizados en el futuro, siempre y cuando sean adaptados con “flexibilidad en las normas, gobernanza, y con rutas claras para canalizar recomendaciones de la comunidad científica”.

            Esta gestión del conocimiento va más allá de los límites del gobierno. Todos hemos adquirido nuevos saberes en la pandemia, desde cómo organizar nuestros espacios hasta cómo hacer malabares con los ingresos. Lo mismo ha sucedido en los hospitales, postas médicas y los demás lugares donde los recursos se han estirado al máximo. 

            Todo ese aprendizaje no debería perderse cuando dejemos de usar mascarillas. ¿Cómo inmortalizarlo para futuras crisis? Las biografías de los investigadores de este estudio nos dan una pista: Ciencias Sociales, políticas públicas, investigación. Si exigíamos más vacunas, no podemos olvidarnos de exigir un plan que las adecúe a nuestro contexto social. Si aconsejamos evitar los ambientes cerrados, no podemos taparnos los ojos cuando vemos el transporte público lleno de personas. Los políticos que prometen fortalecer las ciencias, no pueden olvidarse de las ciencias sociales. 

            El estudio concluye con “verdades difíciles”. Una de ellas, que debería grabarse en piedra, es que malinterpretar al mundo tiene un costo. 

            El mundo no es uno, ni lo son sus formas de interpretarlo. Malinterpretar la esfera microscópica nos trae consecuencias: diseñar vacunas que no son efectivas, invertir en tratamientos con poca evidencia y obsesionarnos con medidas absurdas. Pero malinterpretar la esfera social también nos puede llevar a asumir que las normas aplican a todos por igual, o que lo que funciona en una región funciona en otra. Hemos pagado muchos costos por malinterpretar al mundo, y los seguiremos cometiendo si no registramos nuestros errores y reflexionamos sobre lo que aprendimos.


[1] El equipo de investigadores peruanos es Melina Galdos Frisancho, Elvis Mori Macedo, Enrique Rojas Villalba, Rogelio Scott Insúa, Sebastián Zarate.

6 Comentarios

  1. zeta

    Me encantó!! Especialmente la parte de comunicar la ciencia porque no es que no haya conocimiento sino que a la hora de transmitirlo la tarea es gigante y desmotiva mucho ver cómo no se confía :/

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  2. Tahnee

    Lo máximo

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  3. Giannina

    Excelente artículo 🙂 Importante palabra: las lecciones, que lamentablemente, como en casi todos los ámbitos, terminan sin aprenderse :/

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    • Claudia

      Me encantó
      Es importante que la población sea consciente y más aún nuestros gobernantes, deben leer un poquito más y no sembrar temor en la población.

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      • Juana Emma

        Muy interesante análisis, concluyó que en todo proceso, es muy importante la retroalimentación, en que fallamos, que se puede mejor, «a mano o con lavadora», excelente.

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        • lizzy

          No hay como recibir información basada en hechos ciertos y fidedignos. Como los que brinda la ciencia. Muy buen contenido. Decidir con buena información es lo mejor. Gracias

          Responder

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Alejandra Ruiz León

Es bioquímica y magíster en Comunicación Científica y en Historia de la Ciencia. Actualmente realiza estudios de doctorado en Historia y Sociología de la Ciencia en Georgia Tech, Atlanta. Ha creado espacios de encuentro entre la ciencia y la sociedad como Piura con Ciencia y Mitocondria.