Propongo algo muy impopular


Necesitamos más congresistas y aquí explico por qué


En estos días se debate en la Comisión de Constitución del Congreso de la República una nueva propuesta para el retorno a la bicameralidad. Son decenas los proyectos presentados con ese objetivo desde 2001 a la fecha –yo mismo presenté dos cuando era congresista– pero hasta el momento su aprobación ha sido políticamente inviable. La bicameralidad es impopular, como todo aquello que involucre al Congreso. Sin embargo, creo que se trata de uno de los debates más importantes que tendrán los parlamentarios actuales y, de aprobarse, sería la mayor contribución que podrían hacer a nuestro debilitado sistema político.

Nuestra tradición constitucional ha establecido casi siempre un sistema bicameral para el Congreso de la República y la Constitución de 1993 constituye una de las excepciones. No se trató de una decisión tomada a la ligera; fue el punto final de un proceso de debilitamiento del parlamento iniciado por el gobierno fujimorista en 1990 y que alcanzó su momento más violento en el cierre del Congreso como parte del autogolpe del 5 de abril de 1992. A Fujimori nunca le gustó el Congreso, y menos uno donde no tenía mayoría. La noción de pesos y contrapesos, esencial en toda democracia, le estorbaba en su proyecto político y por ello, desde el primer momento, tuvo una clara actitud de confrontación con el Legislativo. Ei diseño unicameral permitió que fuese más sencillo que el gobierno tuviera mayoría y que las leyes que quería fuesen aprobadas sin el debate y la deliberación necesarias: el Congreso como mesa de partes de los deseos del Ejecutivo. 

Recuperada la democracia, y pese a diversos esfuerzos, el sistema unicameral ha sobrevivido. Desde entonces vemos el resultado con congresos que proclaman leyes apresuradas y poco debatidas, muchas de las cuales terminan siendo observadas, declaradas inconstitucionales y, en muchos casos, enmendadas por el propio congreso que las aprobó. Al no tener una cámara revisora de lo que se aprueba, esa revisión se concentra en el Ejecutivo, lo que aumenta la confrontación política entre ambos poderes.  

Una bicameralidad bien diseñada permitiría mayores filtros para la aprobación de las leyes, y serviría para evitar las tristemente célebres “leyes sorpresa” y para moderar el impulso populista que tienen los legisladores en determinadas coyunturas, brindando mayor tiempo para la reflexión. Además, la bicameralidad podría permitir el control interinstitucional entre ambas cámaras y evitaría que una de ellas pueda proceder de forma abusiva al imponer su mayoría de forma irreflexiva. 

¿Pero puede impulsarse una propuesta de bicameralidad luego del referendum de 2018, donde la ciudadanía dijo claramente “no” a su retorno? Yo creo que sí. La propuesta materia de debate es distinta de la que se sometió a consulta en esa oportunidad. Además, se trata de otro congreso y de otro momento político, y en democracia es saludable revisar decisiones adoptadas si es que ello permite corregir o mejorar nuestra institucionalidad. Quizás una manera de zanjar esta controversia sería someter la propuesta final que se apruebe en primera votación en el Congreso a un nuevo referéndum, explicándole a la ciudadanía las diferencias con la iniciativa rechazada en 2018 y buscando convencerla de la mejora que esto implicaría para nuestro sistema político.

Hasta aquí, este ya viene siendo un artículo bastante impopular, pero agárrense que se pone peor: además de la bicameralidad, creo que necesitamos un número mayor de congresistas.

Tenemos aproximadamente un representante por cada 245 mil ciudadanos, lo que convierte al peruano en uno de los congresos con menor representatividad en la región. Lo más cercano es Colombia, que cuenta con un representante por cada 174 mil colombianos, y sigue Argentina, con un representante por cada 134 mil argentinos. 

Si vemos la tendencia durante el siglo XX, el Congreso peruano ha sido cada vez menos representativo. En 1956 teníamos un total de 239 parlamentarios –182 diputados y 57 senadores– para un poco más de 7 millones de ciudadanos, en 1980 eran 240 parlamentarios para 17 millones de ciudadanos, y en 1990 se mantenía el mismo número de escaños pero los ciudadanos ya eran 21 millones. Hoy en el Perú contamos con 130 parlamentarios –en cámara única– para casi 33 millones de ciudadanos. 

Un congresista en el Perú tiene que representar cada vez a más personas, y así terminamos con situaciones como la de Madre de Dios, donde sus 141 mil ciudadanos tienen solo un representante en el Congreso. ¿Esa única representación será reflejo de la diversidad de agendas y pensamientos de dicha región? Imposible. ¿Podrá ese solo congresista interactuar con todos los ciudadanos y cumplir a cabalidad con su rol de representación? Como bien señaló Fernando Tuesta en un artículo sobre este asunto: “Un centro de salud no podrá ser mínimamente atendido si los médicos tienen el cuádruple de pacientes que les es posible atender. En la democracia representativa opera la misma lógica”.

Además de este problema, el tamaño reducido de nuestro congreso facilita que ocurran anomalías como la de 2016, donde un partido que obtuvo el 36.3 % de los votos congresales a nivel nacional terminó con más del 56.1 % de los escaños en el parlamento. Aquella vez también se dieron casos extremos, como el de Lima Provincias, donde dicho partido tuvo el 51 % de los votos y se llevó el 100 % de los cuatro escaños disponibles.

La propuesta de retorno a la bicameralidad que está discutiendo la Comisión de Constitución del Congreso en estos días eleva tímidamente el número de congresistas: 130 diputados y 60 senadores, lo que da un total de 190 parlamentarios. Sin duda, la propuesta es mejor que aquellas que proponían mantener a los 130 actuales divididos en las dos cámaras, pero sigue siendo una fórmula que nos da un congreso con menos número de representantes que el que teníamos en 1990, cuando éramos 10 millones menos de peruanos.

No se trata, por lo tanto, solo del retorno a la bicameralidad. Para asegurar que la reforma sea exitosa necesitamos ver otros aspectos claves. El número de parlamentarios es uno de ellos, pero también hay que ver la forma en que se elige a los representantes y las atribuciones exclusivas que tendrá cada cámara, entre otros aspectos.

¿Habrá llegado el momento en el que lograremos volver a la bicameralidad, o este debate se sumará a la reciente y larga lista de reformas frustradas? ¿Cuánto tiempo más podrá resistir nuestro sistema sin reformas profundas que lo revitalicen?

1 comentario

  1. jorge

    60 sinvergüenzas mas en el estado eso seria increíble
    mas roba cables mas come pollos mas violadores etc etc etc

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