Cerebros y cráneos peruanos


El avance de la ciencia y el retroceso de la meritocracia


Alejandro Neyra es escritor y diplomático peruano. Ha sido director de la Biblioteca Nacional, ministro de Cultura, y ha desempeñado funciones diplomáticas ante Naciones Unidas en Ginebra y la Embajada del Perú en Chile. Es autor de los libros Peruanos IlustresPeruvians do it better, Peruanas Ilustres, Historia (o)culta del Perú, Biblioteca Peruana, Peruanos de ficción, Traiciones Peruanas, entre otros. Ha ganado el Premio Copé de Novela 2019 con Mi monstruo sagrado y es autor de la celebrada y premiada saga de novelas CIA Perú.


Christopher Heaney, profesor de historia de la Universidad de Pensilvania, ha escrito un artículo en el Washington Postcon un título provocador: ‘¿Por qué los peruanos estuvieron alguna vez tan orgullosos de los cráneos que entregaron al Smithsonian?’. Lo interesante de este texto es que sale pocos días después de una investigación de ese diario sobre los cerebros, cráneos y otros restos humanos que se encuentran en propiedad del Smithsonian desde inicios del siglo XX (255 cerebros); y que vienen siendo objeto de estudio y, en algunos casos, tras su identificación, de disputa con los familiares descendientes de los ‘donantes’.

Detrás de esta historia hay un nombre que quizá le suene conocido por sus clases de Historia: Alex Hrdlicka. Este investigador estadounidense de origen austrohúngaro fue el primer curador del área antropológica del Museo Americano (luego Museo de Historia Natural del Instituto Smithsonian —o ‘Smithsoniano’— en Washington D.C.) en el lejano 1905, y quien impuso la teoría de la inmigración asiática a América por el estrecho de Bering. Esta tesis se contraponía a la del italoargentino Florentino Ameghino, que decía que el hombre americano se había originado en su propio continente; y a la del francés Paul Rivet, quien postuló que había llegado al continente por el mar desde la lejana Oceanía. 

Hrdlicka viajó al Perú en 1913 para desarrollar sus investigaciones sobre la evolución, y desde ese momento empezó una curiosa colección de cráneos trepanados y cerebros. Como señala el artículo del Washington Post, notemos que esto sucedió apenas dos años después del ‘descubrimiento’ de Machu Picchu por Hiram Bingham, una época en la que se daba facilidades al expolio del patrimonio (por supuesto que no solo en el Perú). Hay algo extrañamente interesante en esto, que demuestra que incluso en las acciones bienintencionadas afloran los sesgos y las malas interpretaciones. 

Por un lado, se conoce que nada menos que el gran padre de la arqueología peruana, Julio César Tello, fue un orgulloso promotor de investigaciones en torno a los cráneos trepanados para demostrar el alto grado de tecnología alcanzado por las civilizaciones precolombinas mucho antes de los mayores desarrollos de la cirugía médica. Sin embargo, por el otro, Alex Hrdlicka —quien fuera profesor de Tello en Harvard— utilizó los cerebros extraídos del Perú y luego de otros lugares de Europa, Asia y África para establecer sus postulados sobre la eugenesia y la superioridad de la raza caucásica. Esto en un tiempo en que la ciencia podía también ser sujeto de teorías de inspiración racista que, como se sabe, abonaron en el ideario del criminal nacionalsocialismo alemán.

Extrañas coincidencias

En su última novela, Extrañas, el notable escritor y guionista mexicano Guillermo Arriaga da cuenta de una época hacia finales del siglo XVIII en que la ciencia en Inglaterra no estaba muy alejada de las prácticas de la alquimia y la superchería. En el relato William Burton, un joven aristócrata atraído por casos de deformidades y de sujetos con manifiesta debilidad mental en sus tierras, sigue los pasos de un supuesto profesional de la medicina, experto justamente en encontrar recetas para aquellos que sufren de estas extrañas enfermedades que parecen señales de la naturaleza, desde la hipertricosis hasta la elefantiasis. En ese mundo en el que los seres humanos son tratados aún cual mercancía y hasta expuestos como fenómenos de circo, notamos que la ciencia también puede ser una noble profesión o el más vil de los oficios. Es más, la familia de Burton se opone a que el joven William se dedique a la medicina, pues es una actividad menor, indigna para alguien de alcurnia.

Por suerte esto ha cambiado. Poco a poco, sobre todo desde el siglo XIX, los médicos y los científicos fueron alcanzando el respeto entre las profesiones y, dejando de lado algunas prácticas estrambóticas, la ciencia ha logrado los grandes avances con los cuales ahora los seres humanos logramos vivir generalmente más y mejor. También, claro, como vimos en la reciente Oppenheimer y los muchos libros aparecidos sobre el personaje, gracias a la ciencia pudimos y podemos alcanzar altos niveles de horror y provocar muertes a escala medible con estadísticas, o transformar la naturaleza de tal manera que hoy palpamos modificaciones climáticas que parecen poner en riesgo la propia supervivencia de nuestra especie.

Lo cierto es que las modificaciones y mejoras en los sistemas educativos, las nuevas metodologías diseñadas para la investigación científica y la colaboración en el manejo y las formas de compartir información han permitido que el siglo XXI sea uno con más logros, y también con más desafíos y problemas. El avance de la ciencia parece ser la fuente de su propio dilema. En cualquier caso, eso no debe ser obstáculo o excusa para pensar que un sistema educativo y científico que ha llegado a sus cimas gracias a la meritocracia no deba seguir cuidándose y valorándose, pues de este depende nuestro destino sobre la Tierra. 

El presidente de la Comisión de Educación del Congreso afirma, sin embargo, que la meritocracia no ha dado ningún resultado concreto en el país. ¿Qué haremos con la memoria de Julio C. Tello, Pedro Paulet, Daniel Alcides Carrión y los miles de científicos que desde distintas posiciones han ayudado a construir un mejor Perú y un mundo con más oportunidades? Quizá sea tiempo de revalorar a Tello y Hrdlicka y, tras practicar algunas trepanaciones, investigar qué hay en algunos cerebros del hombre moderno. LQQD. 


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1 comentario

  1. Lucas Taipe

    Delicioso artículo….saludos y gratos recuerdos….!!!

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