“Things fall apart”

Carlos León Moya
enero 26, 2021


Cuando descubres que tus poemas preferidos hablaban de una pandemia 


Después de tiempo volví a leer The Second Coming, de Yeats. Fui a mi línea preferida, catastrófica: 

           «Things fall apart; the centre cannot hold”

           Me pregunté allí mismo si Yeats lo había escrito durante la pandemia de la gripe española de 1918 y 1919. ¿Por qué? Porque antes ignoraba que mi poema catastrófico favorito –The Waste Land, de T.S. Elliot– fue esbozado con la pandemia tocando la puerta. Yo ni siquiera le había prestado atención a ese evento histórico: en los libros de referencia, como el Cambridge Companion, todos hablan del legado de la Primera Guerra Mundial, pero la gripe española es un pie de página, una miga, una yapa. 

           De hecho, T.S. Elliot se llegó a enfermar de gripe española. Su esposa también. A él le hizo añicos el cuerpo y, según sus propias cartas, hasta el cerebro.

           ¿En qué ola enfermó?

           En la segunda.

           Después de recuperarse de aquel evento traumático, Elliot empezó The Waste Land.

           Cuando me enteré de eso, en marzo del año pasado, me quedó una idea: la pandemia te puede cruzar los chicotes. Te puede llenar de angustia y de miedo.

           Por eso, cuando releí el “Things fall apart; the centre cannot hold”, me hice esa pregunta que nunca me había hecho: no en qué año lo publicó, sino ¿en qué año escribió eso Yeats?

           Ah, santa cachucha: 

           1919.

           ¿Alguien se le enfermó?

           Sí. Su esposa embarazada. Semanas después de su recuperación, escribió The Second Coming.

           A esa línea siempre le había dado una interpretación política, social. “Things fall apart”: cae un orden establecido, se derrumba un tiempo histórico. “The centre cannot hold”: es más fuerte que los actores, intentan evitarlo pero fracasan”.

           Pero ahora, al leerla de vuelta, la entendí de otro modo. Más privada, más personal, más acorde con el propio tiempo que estoy viviendo, con mi miedo y mi angustia.

           En días –no semanas ni meses: días– nuestro sistema de salud colapsó de vuelta. Regresaron las colas para buscar oxígeno. Gente a mí alrededor vuelve a morir. Todos mis miedos vuelven: ¿me enfermaré yo? Peor aún, ¿se enfermarán las 4 o 5 personas cercanas que más me importan? Si eso pasa, ¿podré salvarlos? Ya ni salvarlos: ¿podré conseguir si quiera que los atiendan?

           Things fall apart: las cosas se van derrumbando a nuestro alrededor, y lo más angustiante es que uno sabe que el final del derrumbe es lejano, distante. Aquí entra la variable política: la angustia crece con un gobierno que parece mirar el derrumbe como si fuese un experimento social. 

           El gobierno es pasivo, sí. ¿Pueden hacer mucho más? Creo que no. Pueden hacer algo, pero no mucho. Molesta que no intenten siquiera ese algo. Pero este derrumbe –no en sus terribles proporciones, sí en su forma– nos iba a tapar igual. Nuestro centre no iba a resistir, it cannot hold. Nuevamente, la variable política: al menos un intento, un simulacro del gobierno por hacerlo resistir estaría bien. Pero ni eso.

           Todo eso se me vino a la cabeza al releer a Yeats. Las veces anteriores lo leí como una metáfora política. Ahora lo leo desde mi miedo y angustia por una pandemia que recrudece cada vez más y que va cercándome. Quizá el mismo miedo y angustia que sintió Yeats en la pandemia anterior.

5 Comentarios

  1. María Amelia

    No sólo el rebrote de la infección sino la inacción del gobierno nos angustia a todos.

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  2. Tania

    Gran columna, como nos tiene acostumbrados.

    Responder
  3. Maria Isabel Sobrevilla

    Realidad y poesía juntas,me gusto el articulo

    Responder
    • Sara

      Me gustan tus artículos pero cuando le pones la cuota emocional personal, como éste, puedes tocar fibras sensibles.

      Responder
  4. Gloria Diana Dunkelberg Miller

    Una elegía…Me dolió y me sigue doliendo, sin leer a Yeats.

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Carlos León Moya

Es politólogo y Master in Fine Arts. Uno de los primeros experimentos de fecundación del doctor Juan Coyotupa (Jr. Porta 130, of. 501). Es de izquierda, pero trabajó para un gobierno de derecha. Se dice que es muy creativo, pero su gato gordo responde al nombre de “Gordo”.