¿Puede el Perú convertirse en Venezuela?

Natalia Sobrevilla
mayo 2, 2021

Anatomía histórica de un desastre 


¿Cómo llegó el país más rico de la región al empobrecimiento extremo de hoy? 


            Podríamos comenzar el relato a inicios del siglo pasado, cuando Venezuela empezó la explotación petrolera, la cual prácticamente se convirtió en su única fuente de ingreso y llevó al crecimiento de su población debido a la mejora de la calidad de vida y a la migración. Pero será mejor hacerlo en 1958, cuando la dictadura de Marcos Pérez Jiménez fue derrocada tras la baja del precio del petróleo un año antes.

            Quienes derrocaron al dictador firmaron el “Pacto del Puntofijo”, que garantizaba la defensa de la constitucionalidad, el gobierno de unidad, así como un programa mínimo de gobierno. El Partido Comunista, que también había participado de los esfuerzos de derrocar a la dictadura, fue excluido del pacto, de los acuerdos de gobernabilidad y de cualquier participación en el gobierno.

            En 1960, Rómulo Betancourt creó la Corporación Nacional del Petróleo y en 1976, durante la administración de Carlos Andrés Pérez (CAP), pasó a ser parte de PDVESA (Petróleos de Venezuela S.A.) junto con las 13 concesiones privadas que pasaron a ser de propiedad del estado. En democracia y sin comunismo, PDVSA se convirtió en la corporación petrolera más poderosa del continente y fue la fuerza principal en la creación del cártel de la OPEC, donde los países productores de petróleo acordaban los precios del crudo.

            Los años de bonanza fueron espectaculares y Venezuela, con su compañía estatal, se dedicó a expandir su imperio petrolero por Estados Unidos, comprando refinerías en Texas y pozos en el Caribe. Pero en 1982 la crisis de la deuda y la caída de los precios del petróleo dejó a Venezuela particularmente expuesta. La solución fue seguir endeudándose con la idea de que los precios eventualmente los volverían a favorecer.

            En 1982, en plena crisis, un joven militar llamado Hugo Chávez comenzó a organizar el Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 (MBR-200), que buscaba luchar por una nueva república. Cuando en 1989, ante las medidas impuestas por CAP de subir el precio del combustible para tratar de lidiar con la crisis económica, estalló el llamado Caracazo: Chávez participó como miembro del ejército en la represión y quedó indignado por el uso de la fuerza contra los civiles que protestaban.

            Por más de treinta años los acuerdos de gobernabilidad habían permitido que se desarrollara un sistema corrupto y extremadamente desigual que podía subsistir mientras se aceitara con dinero del petróleo, pero que hizo agua ante la crisis económica. En febrero de 1992 falló un intento de golpe de estado y Chávez terminó en la cárcel. En noviembre falló también otra intentona y Alberto Fujimori, en represalia a que CAP había condenado su autogolpe del 5 de abril de 1992, le ofreció asilo a los jefes, quienes arribaron a Iquitos.

            Si bien los golpes de estado fracasaron, CAP fue destituido en 1993, acusado de “peculado doloso” y de “malversación de 17 millones de dólares” en un proceso que muchos aducen no le permitió al presidente una legítima defensa y que tuvo muchas irregularidades. La transición fue compleja y la economía siguió cayendo en picada, con una gran devaluación en 1994 debida al bajo precio del petróleo y a los autopréstamos a los accionistas y testaferros de bancos que llevaron a que se esfume la mitad del sistema de ahorros.

Chávez llegó a la presidencia en las elecciones de 1998 y aniquiló el acuerdo de gobernabilidad tras una muy convulsionada década final. Con una economía destruida, con  la sensación por parte de las mayorías de que solo una pequeña elite se beneficiaba y con casi ninguna confianza en el sistema político, Chávez pudo dinamitar lo que quedaba en pie.

            En 1998 fue elegido con el 55.5% de los votos y su referéndum constituyente contó con el 81% de aprobación: la constitución de 1999 fue ratificada con un 71% de los votos. Las elecciones del 2000, en las que Chávez fue elegido con el 59%, fueron tan apresuradas que su legitimidad no se pudo garantizar. Recordando el apoyo otorgado a su causa en 1992, Chávez le dio asilo a Montesinos y sus conexiones con Fujimori están documentadas en fotos y videos. El líder Héctor Capriles ha sostenido que Chávez se inspiró en Fujimori en su proyecto para hacerse del poder.

            Mucho se ha dicho sobre cómo se ha implantado el comunismo en Venezuela. Chávez y Maduro han repetido sin cesar que lo suyo es un “socialismo del siglo XXI”, pero esto no es verdad: lo que Chávez implantó desde un inicio fue un sistema clientelista apoyado en sectores del ejército y las milicias urbanas que se hizo poderoso gracias al descontento de las mayorías, una población cansada de vivir en una crisis económica permanente mientras veían que unos pocos se enriquecían de manera impresionante.

            El alza del precio del petróleo hizo a Chávez uno de los gobernantes más ricos del planeta. El sistema ya era nacional, así que no tuvo que nacionalizar nada. Pero en vez de crear un sistema democrático –o realmente socialista– usó el dinero para crear poderosas clientelas que dependían directamente de su favor y esto se vio traducido en un éxito electoral que impidió que lo echaran por la fuerza en el 2002, con un referéndum en el 2004, y que le permitió reelegirse hasta la muerte, dejando a un sucesor que sigue atornillado en el poder.

            ¿Puede ocurrir esto en el Perú? Por supuesto que sí, pero no necesariamente porque Pedro Castillo hable de comunismo, socialismo o lo que sea que proponga. Puede pasar si dejamos que el descontento con el sistema actual siga creciendo y si instalamos en el gobierno a quienes tienen experiencia en crear sistemas de clientelismo para perpetuarse en el poder. Tengamos cuidado con las lecciones que extraemos del caso de Venezuela y miremos cuidadosamente cuáles son los peligros reales y cuáles son los imaginarios. 

13 Comentarios

  1. María Amelia Palacios Vallejo

    Gracias Natalia por advertirnos de los peligros reales.

    Responder
    • Karina

      Es tan importante informarse, en estos tiempos críticos es muy importante actualizarce y conocer todo el panorama. Muchas gracias por ello.

      Responder
  2. Wagner Rieti Arias Llallico

    Muy buen artículo estimada Natalia, es un ejemplo que debemos de tener y estudiar y estar vigilantes.

    Responder
  3. Sully Elser

    Fabuloso artículo! Muchas gracias Natalia por refrescar la memoria con Historia y hechos concretos. Tal como dice Wagner, a estar Vigilantes!

    Responder
    • Lucy Flores Lazo

      Que buen artículo Natalia con referencias precisas y necesarias que nos invitan a una mayor reflexión sobre todo en los actuales momentos. Gracias

      Responder
  4. Mabel

    Excelente análisis Natalia, gracias por compartir.

    Responder
  5. Miguel A Guerrero

    No, no, no, Natalia. Premisas y cronología bastante correctas; conclusiones por completo equivocadas. Chávez fue socialista, marxista, castrista y admirador de Velasco Alvarado. Durante los 40 años que duró el Puntifijismo, el petróleo, con todo lo que movía a su alrededor, representaba más o menos el 45% del PBI de Venezuela (aunque sí cerca del 90% de sus exportaciones) mientras que el resto provenía de otros sectores de la economía. De manera que el país desarrolló una industria pujante y un mercado de consumo que solía ser el doble o el triple que el peruano en casi todas las categorías, con poblaciones comparables.
    Chávez expropió y nacionalizó hasta los huecos de las calles y no paró hasta destruir por completo PDVSA, otrora la gallinita de los huevos de oro y orgullo nacional. Todo empezó cambiando la Constitución entonces vigente , reemplazándola por una que le permitía someter a los demás poderes del Estado y destruir el sistema democrático de contrapesos. Totalitarismo puro y duro, pues.
    Si, como pareces sugerir en tu artículo, crees que Keiko Fujimori está más cerca de hacer eso que la dupla Castillo- Cerrón, me temo que estás en un tremendo error.
    Saludos cordiales
    Miguel A Guerrero

    Responder
    • Milagros AdeM

      La diferencia es que en Venezuela Chavez contaba con el apoyo de las fuerzas armadas, pues era militar, y como bien indica el articulo usó las ganancias del petroleo para asegurar ese apoyo. En el caso de Castillo no se ve que sea asi, al contrario, debido a su posible vinculacion con ex-senderistas le tienen en la mira ya varios oficiales, a la primera aberracion se lo bajaran. Sin embargo KF si puede valerse de alianzas y recompensas al estilo de su padre, creo que eso es lo que intenta decir el articulo. Un saludo.

      Responder
      • Jen

        Esa fue mi lectura.

        Responder
  6. Enrique Cruzalegui

    Claro y nutrido! Otro gran artículo de la doctora Sobrevilla!

    Responder
  7. Julio Fernando D.W

    ¡Vaya ! por fin un articulo que niega que en Venezuela haya un socialismo y sostiene mas bien que PDVSA era estatal y el orgullo de Sudamérica y que una pandilla de ladrones se apropio del país y formo una burguesía estatal parasitaria y sumió al país en la pobreza generalizada.

    Responder
  8. Lucy Flores Lazo

    Que buen artículo Natalia con referencias precisas y necesarias que nos invitan a una mayor reflexión sobre todo en los actuales momentos. Gracias

    Responder
  9. Gloria Dunkelberg

    Aprendí mucho, no conocía los tiempos previos a Chávez…En la persistencia de las desigualdades sociales y económicas se gestan las grandes tiranías…y por allí vamos parece. Buenísimo.

    Responder

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Entradas Relacionadas

Al regístrarte aceptas nuestros Política de Privacidad

Natalia Sobrevilla

Estudió Historia en la PUCP y es PhD en la misma materia por la Universidad de Londres. Actualmente tiene a su cargo la cátedra de Historia Latinoamericana en la Universidad de Kent. Viene investigando sobre la formación del Estado y la cultura política en los Andes desde fines de la Colonia hasta el siglo XIX. Es autora, entre otros, de los libros Santa Cruz, caudillo de los Andes y Los inicios de la república peruana.