Pongamos la informalidad en casilleros


Hasta no analizarla bien, no la combatiremos bien


Estamos acostumbrados a escuchar que somos un país altamente informal y que eso limita nuestras posibilidades de desarrollo. Ese enunciado genérico puede ser válido, pero no permite mayor análisis y, por ello, resulta poco útil. Hemos puesto en el saco de la informalidad a varios de nuestros problemas, pero vale la pena analizarlos por separado, prestando atención a sus especificidades. Esto nos permitirá mejorar el diseño de las soluciones.

Un punto de partida debe ser una definición clara del problema en la que todos podamos estar de acuerdo. Convengamos en que la formalidad es el cumplimiento de los beneficios y responsabilidades que establece la legislación existente. Como bien apunta Ravi Kanbur, de la Universidad de Cornell, los problemas comienzan cuando intentamos definir a la informalidad como su complemento. Pongamos como ejemplo a la formalidad laboral. Esto implica que un trabajador cuente con un seguro de salud y pensiones financiados con recursos de la relación laboral. Como Kanbur explica, hay por lo menos tres maneras de ser un trabajador informal: 

  1. Con evasión. Estando cubiertos por la ley, los agentes económicos simplemente la incumplen. Pensemos, por ejemplo, en un trabajador que lleva varios años en una empresa, desempeñando funciones centrales del negocio, pero que está fuera de planilla, incumpliendo la ley. 
  2. Con elusión. Los agentes económicos se adaptan para ponerse fuera del alcance de la ley. El trabajador del ejemplo previo puede renovar contratos de corto plazo, o ser despedido y recontratado, justificándose de esta manera que no esté registrado en planillas y que no pague seguro de salud ni pensiones. Alternativamente, si la empresa es micro o pequeña también puede seguir operando sin que sus trabajadores estén cubiertos por los beneficios de la formalidad. Entonces, aquí la elusión es estratégica: las empresas optan por no crecer. 
  3. Quedando fuera de la ley. Los trabajadores independientes y los trabajadores familiares no remunerados no están obligados a cotizar para salud ni pensiones. Estos trabajadores informales no están incumpliendo la ley. 

Cuando decimos que la informalidad en el país alcanza al 72% de los trabajadores estamos agregando a todos, metiendo en un mismo saco a realidades muy diferentes. Una parte de esta informalidad se combate con fiscalización, otra parte (de hecho, la gran mayoría), no. Hacer las distinciones resulta importante para el diseño de mejores políticas.

Pero nuestra realidad regala aún más complejidad. Algunas veces los empleadores pagan la cotización al seguro de salud, mas no al de pensiones. O viceversa. Algunas veces, también, los empleadores pagan la cotización al seguro de salud para algunos trabajadores, rotándolos en el pago. Si un trabajador está a punto de tener un bebé o requiere ser operado en un futuro cercano, se le pone al día en sus cotizaciones, dejando en suspenso algunas cotizaciones de sus compañeros de trabajo, evadiendo o eludiendo. 

Y el mundo moderno regala más complejidad aún. Cada vez más, las personas tienen más de un empleo. Pensemos en el trabajador de oficina que tiene un empleo formal de 8 a 5, pero al salir hace servicio de Uber. ¿Es un trabajador formal o informal? 

De lo anterior se desprende que la dicotomía informalidad-formalidad está muy lejos de ser del tipo blanco-negro, tiene varias tonalidades de grises y complejidades.

Pero vamos más allá, porque hasta el momento nos hemos referido únicamente a lo laboral. La informalidad, en tanto implica quedar fuera del alcance de la normativa, puede darse en múltiples ámbitos:

  • Empresarial. La formalidad empresarial se define según la tenencia de Registro Único de Contribuyente (RUC) y el pago de los impuestos. Pero también existen varias maneras de caer en la informalidad: evadiendo, eludiendo o, simplemente, no registrándose. 
  • Comercial. La normativa exige que las transacciones comerciales sean registradas, con boleta o con factura. Pero bien sabemos que eso no siempre sucede (algunas veces bajo responsabilidad nuestra).  Y aquí, nuevamente, hay por lo menos tres maneras de caer en la informalidad.
  • Municipal. Para que un local comercial, industrial, o de servicios pueda funcionar necesita contar con autorización municipal. Consideremos aquí también las autorizaciones que debe dar Defensa Civil. Incumplir esta normativa implica diversas formas de informalidad.   
  • Financiera. La normativa exige bancarizar las transacciones a partir de ciertos montos.  Es una herramienta muy útil para evitar el lavado de activos. Pero, como ya hemos visto, hasta los dueños de los bancos entregan dinero a candidatas presidenciales en maletines. La informalidad también se viste de cuello y corbata.
  • De transporte. La normativa exige contar con autorización para las rutas, pero también un comportamiento apropiado de los conductores. Las autoridades que velan por el cumplimiento de las normativas son diferentes y no siempre están bien coordinadas. Quizás por eso el problema de ingobernabilidad del transporte es tan serio. En la informalidad conviven la combi pirata en la avenida Arequipa, con el autobús de El Chosicano en una ruta urbana autorizada, y el camión interprovincial que no cuenta con revisiones técnicas apropiadas.  
  • De servicios básicos. Las conexiones piratas de internet, cable, luz, teléfono, agua, electricidad, y afines son abundantes. 

Y la lista continúa. Con cargo a seguir explorando esto, a partir de lo presentado avanzo con dos conclusiones preliminares. La primera es que en algunos ámbitos es más sencillo que en otros hacer la equivalencia informalidad-ilegalidad. En lo laboral, claramente son cosas distintas. En el acceso a servicios, no tanto. Esto es importante porque da una idea de cuándo la fiscalización puede ser solución y cuándo no tanto.

La segunda conclusión me parece más importante. Es un llamado a un cambio de verbo. Estamos acostumbrados a usar el verbo “ser” cuando nos referimos a la informalidad. Las personas o, en general, los agentes económicos no “son” formales o informales. La condición de informalidad no debería estar asociada a los agentes sino más bien a las actividades. Para un mejor análisis y, por lo tanto, para una mejor búsqueda de soluciones, es mejor referirnos a la informalidad o formalidad de las actividades económica. De esta manera, el trabajador de la pregunta que dejé planteada líneas arriba tendrá a la vez un empleo formal y un empleo informal.  

Ser o no ser informales no debe ser la cuestión. Afinemos el análisis.

2 comentarios

  1. Alfonso Nuñez del Arco

    Buen análisis, ahora sería espectacular una propuesta de solución, siempre he pensado que la salida es muy difícil. No encuentro una fórmula para que Perú salga de la informalidad o la reduzca.

  2. Felix

    La solución al problema de la informalidad no es fácil, hay muchos factores involucrados como lo económico, político, social, cultural y un largo etcétera. Desde lo económico (tributario) se puede replantear la carga tributaria diferenciada por tamaño y tiempo, una pequeña empresa y en sus inicios podría pagar menos impuestos, una mediana, en contra parte un poco más que la anterior y la gran empresa como lo viene haciendo. En lo político, el ejecutivo tendría que hacer el esfuerzo por gasta mejor los recursos disponibles producto de la recaudación, mejorando los servicios públicos como salud, educación, cultura, seguridad; que sean visibles para la población y darle sentido al pago de impuestos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Volver arriba