la mitad que aún está lejos


El déficit estructural contra las mujeres en nuestro mercado laboral 


Miguel Jaramillo Baanante (Trujillo, 1962) es economista e investigador principal del Grupo de Análisis para el Desarrollo–GRADE, en Lima, Perú. Obtuvo la licenciatura en Economía por la Pontificia Universidad Católica del Perú y el doctorado en la Universidad de California, San Diego. Sus áreas de investigación son economía laboral, análisis institucional, políticas sociales e historia económica. Ha publicado los resultados de sus investigaciones en artículos en revistas especializadas del Perú y el extranjero. Es vicepresidente de la Asociación Peruana de Economistas (APE) y ha sido presidente de la Red de Investigación en Desigualdad y Pobreza (NIP) de la Asociación Latinoamericana de Economistas (LACEA).


La pandemia del Covid-19 sacó a la luz diversas carencias, precariedades y temas pendientes en la agenda de desarrollo del país. Uno de ellos tiene que ver con las brechas entre hombres y mujeres en el mercado laboral. En efecto, el shock en la demanda de cuidados expuso con más nitidez el vínculo entre la organización del trabajo en los hogares y la inserción laboral.

Las inequidades de género en los mercados de trabajo se generan, en una medida importante, fuera de ellos: en los hogares. El grueso de hogares peruanos reconocen como “jefe” a un hombre. Esto, sin embargo, está lentamente cambiando. Entre 2001 y 2018 los hogares de jefatura femenina crecieron más de tres veces más rápido que los de jefatura masculina (127 %, versus 35 %). Así, de los nuevos hogares creados desde 2001, casi la mitad tiene un jefe de hogar mujer. Esto sugiere que la tendencia a una mayor proporción de liderazgos femeninos en los hogares va a continuar conforme se creen nuevos hogares y los de mayor edad vayan disminuyendo.

Como ya ha sido bastante documentado, la tasa de ocupación —es decir, el porcentaje de ocupados dentro de la fuerza laboral— es mayor entre los hombres que entre las mujeres. Como se muestra en el gráfico 2, esto está asociado a la presencia de niños menores de 6 años dentro del hogar, en parte porque una mayor proporción de hombres trabajan, pero también porque una menor proporción de mujeres lo hace. Claramente, el rol tradicional de las mujeres en el cuidado de los pequeños y demás tareas domésticas tiene su reflejo en la exclusión relativa del mercado de trabajo.

Gráfico 2

Perú: Tasa de ocupación por número de hijos pequeños en el hogar, según sexo, 2018 (porcentaje)

Fuente: INEI-Enaho, 2018.
Notas. Se considera a los niños residentes habituales de 6 a menos años en el hogar.

Así, las tareas domésticas son una causa importante de la inactividad laboral femenina. De hecho, esto explica la inactividad de 3 de cada 5 mujeres mientras que solo explica la de solo 1 de cada 5 hombres. La inactividad laboral masculina se debe, sobre todo, a los estudios: la mitad de los hombres en inactividad laboral está en esta condición debido a sus estudios, en cambio esto sucede solo con la cuarta parte de las mujeres inactivas.

Las brechas no solo existen en la probabilidad de tener un empleo: son más amplias en cuanto a la calidad de los empleos. La siguiente tabla resume bastante bien esta caracterización. El trabajo femenino en el Perú tiene más trabajo a tiempo parcial, autoempleo, informalidad, empleo a plazo fijo de menor duración y empleo en firmas de menos de 5 trabajadores que tienen menor productividad. Y hay bastante menos empleadoras que empleadores. En corto, las mujeres trabajan con más precariedad y vulnerabilidad.

Tabla 1

Perú: PEA ocupada por tipo de inserción, según sexo, 2019 (porcentaje)

Así, a pesar de los avances de las últimas décadas en un lento pero sostenido proceso de cierre de brechas de género en los mercados de trabajo, la tarea pendiente es grande. Como hemos observado, buena parte de esos cambios corresponden a la distribución del trabajo doméstico, que sigue patrones culturales de lenta transformación. Otros, a las características del disfuncional mercado laboral peruano, que parece alentar particularmente las ocupaciones de inferior calidad.

Sea cual sea el caso, mientras que la mitad de nuestra población no se aproxime a alcanzar su potencial productivo, hablar de desarrollo seguirá siendo una quimera.


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