¿Cambiarán de sitio los faros?


Sobre la incertidumbre en las democracias y sus economías


En el último par de años hemos sido testigos de dos eventos que, aparentemente, no tienen relación alguna. El primero ocurrió en Estados Unidos el 6 de enero de 2021, cuando una turba se mostró rebelde por el resultado de las elecciones presidenciales de noviembre de 2020 —en el mejor estilo del “fraudismo” ya conocido en nuestras tierras— y decidió tomar con violencia las instalaciones donde sesionan las cámaras del Poder Legislativo. De no ser tan reconocible la arquitectura del Capitolio, las escenas nos habrían podido parecer ocurridas en cualquier país en desarrollo, asociadas a un golpe de estado o a una insurgencia ciudadana. Si no, recordemos las más recientes en Sri Lanka, donde vimos a decenas de personas invadir el palacio presidencial y utilizar la piscina en medio de una crisis nacional de grandes proporciones.

El segundo evento tuvo lugar el último 23 de setiembre en el Reino Unido, cuando la presentación del denominado “mini presupuesto” de la nueva primera ministra disparó una inestabilidad inédita en las finanzas de un país desarrollado. ¿El motivo? Las propuestas incluyeron una rebaja de impuestos al mejor estilo de las políticas de estímulo de la oferta de los 80, financiadas con nuevo endeudamiento y sin estudio previo por parte de la independiente Oficina de Responsabilidad Presupuestaria. Ello generó una pérdida de confianza en la economía del Reino Unido, que devaluó la libra esterlina a prácticamente nivel de paridad con el dólar, lo que no se veía desde hacía cuarenta años, antes de Margaret Thatcher. Junto con esto, las tasas de interés se elevaron súbitamente, lo que puso en riesgo las inversiones con fines previsionales y forzó al mesurado Banco de Inglaterra —equivalente a nuestro BCR— a intervenir para comprar bonos del Tesoro. Ha sido interesante leer los titulares de los periódicos británicos proclamando cómo su país, en ese momento, parecía tener una economía emergente.

Pero, ¿en qué se parecen el 6 de enero de 2021 y el 23 de setiembre de 2022? En que ambos eventos plasman el debilitamiento de dos importantes referentes del mundo occidental en dos aspectos diferentes, pero vitales: el político y el económico. En mi opinión, son dos eventos que marcan el ocaso de siglos de influencia en las maneras en que el resto de países del mundo occidental organizan su política y su economía.

En el caso de Estados Unidos, y con todos los defectos que los politólogos notarán, la toma del Capitolio marca el punto de quiebre de una democracia que funcionaba a pesar de sus defectos. El hecho de que una republicana “de familia”, como la representante Liz Cheney, hija de quien sirviera como vicepresidente de George W. Bush —un conocido “halcón militar” en la jerga política estadounidense— y presidenta de la comisión encargada de investigar los hechos de enero 2021, perdiera en las votaciones primarias en su estado —Wyoming— ante una retadora republicana que respalda las políticas del anterior presidente Trump, es una muestra del debilitamiento de los valores seculares en las instituciones democráticas del gigante norteamericano.

En el caso del Reino Unido, la cuna del capitalismo industrial y uno de los centros del capitalismo financiero, la crisis desatada por la presentación del “mini presupuesto” marca el punto de quiebre de una economía de mercado que funcionaba, incluyendo una protección social envidiable vista desde nuestros estándares de privatización completa. Los años de Thatcher cambiaron el rumbo de la economía británica e incluso la orientación de las políticas del partido laborista. De hecho, preguntada sobre cuál había sido su mayor logro, la respuesta de la Dama de Hierro fue: “Tony Blair y el nuevo laborismo”. Sin embargo, ninguno de los dos logró el estímulo suficiente para mejoras de la productividad, que es la única manera de crecer sostenidamente, y el Brexit reciente —potenciado por la pandemia— terminó de poner obstáculos para las perspectivas de crecimiento de la economía británica. 

Así las cosas, ¿cuáles serán los faros orientadores de la economía y la democracia en el futuro? ¿Serán las mismas naciones mencionadas, que terminarán demostrando que la democracia puede pasar grandes pruebas y adaptarse a los nuevos tiempos? ¿Podrá la Unión Europea demostrar ante China que la economía se puede desarrollar en libertad ciudadana?

Son preguntas sin respuesta clara todavía, porque el mundo está en plena transformación y el parabrisas no nos muestra aún el nuevo horizonte.


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