Vizcarra para los creadores de «Dark»

Gustavo Rodríguez
diciembre 5, 2020


Carta a una amiga extranjera para tratar de explicar ese misterio que es Vizcarra.


Querida Anna:

Recuerdo tu risa cuando te comenté que los creadores de Dark piden ayuda para entender la política peruana. Ahora espero que estas líneas le añadan claridad a la broma. “¿Cómo es eso de que Vizcarra esté siendo cuestionado?”, me preguntas desde tu finca catalana, “¿acaso la gente no salió a marchar por él?”.

            Esto último no es exacto, pero para llegar a ello conviene retroceder en el tiempo.

            En las elecciones del 2016 tuvimos un debate presidencial muy comentado en el que los peruanos más jóvenes conocieron a un candidato casi sesentón llamado Fernando Olivera, que aprovechó su podio para cantarle unas cuantas verdades al hasta entonces poderoso Alan García. Lógicamente, se volvió una celebridad. Pero los jóvenes no conocieron al Olivera joven, el diputado que en los 80 y 90 se hizo una reputación como opositor fiscalizador y que, años después, en los 2000, perdió su eje narrativo cuando aceptó cogobernar con Alejandro Toledo. En mercadotecnia existe una vieja noción llamada “posicionamiento”: el valor o beneficio que encarna determina marca. Perder tu posicionamiento es perder lo que te hacía distintivo, y eso fue lo que hizo que Olivera cayera en el escarnio, y luego en el olvido.

            Para ponerlo en los términos literarios que tú y yo manejamos: un personaje que pierde su misión traiciona su lugar en la mente del lector.

            A Vizcarra parece que está a punto de ocurrirle lo mismo.

            La primera vez que vi a Vizcarra fue el 2014, en una conferencia muy mediática para ejecutivos. Lo invitaron como expositor porque entonces era gobernador de Moquegua, un pequeño departamento sureño en el que había logrado elevar los índices de Educación gracias a una alianza con la gran minería de la región. Fue muy aplaudido y creo que la mención a su madre, maestra de escuela, ayudó a calentar esas palmas.

            No supe de él hasta que, en el 2016 —el año del debate que mencioné— apareció como candidato a la vicepresidencia junto a Pedro Pablo Kuczynski. Se rumoreaba que había sido elegido por su procedencia provinciana: Kuczynski era un peruano gringo que vivía en San Isidro y Mercedes Aráoz, la elegida para la segunda vicepresidencia, frecuentaba los mismos despachos y salones. Vizcarra fue parte de una cuota Benetton. Para que tú y los amigos de Dark no se mareen la haré corta: Kuczynski ganó por poquitito, Keiko Fujimori arguyó fraude, el Congreso peruano —mayoritariamente del partido de Fujimori— le hizo imposible la gestión al Ejecutivo y, finalmente, logró acorralar a Kuczynski con una denuncia de lobby de cuando había sido ministro en un gobierno anterior. Kuczynski renunció, pero Vizcarra —que había ejercido como su ministro de Transportes para luego partir a Canadá como embajador— no lo hizo.

            Aparentemente logró un acuerdo con algún sector de las fuerzas vacadoras y juró como Presidente entre rumores de traición de sus antiguos socios electorales. Y he aquí donde Martín Vizcarra encontró su misión como personaje: detectó que la población quería una reforma política que evitara parlamentos tan volátiles y atentos a intereses privados, y que amenguara la corrupción en otras instituciones importantes para el balance democrático. Vizcarra tomó esa bandera y se enfrentó al Congreso hasta disolverlo amparado en un artículo de la Constitución que, entre grandes festejos, el Tribunal Constitucional y la mayoría de la población interpretaron de la misma forma. En el nuevo Parlamento elegido Vizcarra no tuvo un partido que lo defendiera: o se creyó omnipotente, sostenido tan solo por su altísima popularidad; o ya había quemado demasiados puentes. 

            Fuerzas corruptas y traicionadas del nuevo Congreso trataron de vacarlo dos veces con una interpretación muy literal de otro artículo de la Constitución, y tuvieron éxito a la segunda: amplificaron unos indicios de que Vizcarra, siendo gobernador de Moquegua, había aceptado sobornos en un proyecto de ingeniería.

            De la noche a la mañana se instauró un régimen muy conservador y autoritario, de derechas desconectadas con la población, y contra él marcharon millones de jóvenes.

            No fue por Vizcarra, en realidad. Fue en contra de políticos que, a ojos del ciudadano promedio, y en especial de los jóvenes, jugaban un papel mucho más feo que el de Vizcarra. 

            La verdad, Anna, me cuesta creer que Vizcarra no haya aceptado sobornos como gobernador. Más que por él, por el sistema. Él es ingeniero y tuvo una empresa que alguna vez contrató con el Estado, y es difícil de aceptar que, desde su trinchera como proveedor, no haya caído en las reglas clandestinas de ese porcentaje para quien decide la obra. Cuando la ilegalidad es tan cotidiana, es poco probable que Vizcarra no haya visto como natural recibir su parte cuando le tocó estar del otro lado de la mesa. 

            Pero es mi opinión: esto tendrá que probarlo el debido proceso.

            Su mayor pecado no habrá sido ese, en todo caso.

            Él cerró un Congreso y fue el abanderado de quitarle la inmunidad a los parlamentarios para que no siguieran cometiendo fechorías escudándose en esta.

            ¿Y qué ha informado Vizcarra recién? Que postulará al Congreso, ¡con uno de los partidos que intentó vacarlo! 

            Será el congresista más votado, por supuesto, porque hoy por hoy es el político más conocido del país.

            Pero, a menos que reinvente su narrativa de una manera magistral, será una victoria pírrica: ya metió ambos pies en la laguna de los apestados.

6 Comentarios

  1. zeta

    Excelente forma de describir qué pasó, no solo para amigues de afuera sino para personas que conocen(mos) a pedacitos la historia, gracias!

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    • gr

      ¡Muchas gracias, Zeta!
      A veces pienso que uno nunca será lo suficientemente claro como para explicar nuestros problemas.
      Ser peruano –y latinoamericano– es como tener un oficio extra.
      Un gran abrazo.

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  2. Ana Ibarra Pozada

    La política es el arte de lo posible, una locura de paradoja que Vizcarra postule al congreso y todavía con Salaverry, no hay institucionalidad en nuestro país o es demasiado frágil.

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  3. Ludwing

    Gran narrativa, tremendo!

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  4. Alfonso Bouroncle

    Interesante y breve forma de plantearlo, me gusta mucho la pluma de la que haces gala

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  5. Miluska Molleda

    Excelente explicación Gustavo! siempre es bueno leerte.

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Gustavo Rodríguez

Es escritor y comunicador. Ha publicado, entre otras, las novelas La furia de Aquiles, La risa de tu madre (finalista del Premio Herralde), La semana tiene siete mujeres (finalista del Planeta-Casamérica) y Madrugada; y libros infantiles que se leen en las escuelas.
 Su libro Traducciones peruanas reúne gran parte de sus artículos en el diario El Comercio. Como comunicador ha ganado más de cien premios a la creatividad.