Una electora afroperuana


¿Cómo votar cuando eres antirracista y no se habla de racismo?


Este domingo vamos todos y todas a votar. Llegaremos a ánforas idénticas, desde lugares muy distintos. El voto, un derecho universal, nos genera la impresión de una igualdad formal entre peruanos. Sin embargo, algunas personas votarán siendo pobres y otras votarán siendo más vulnerables a la violencia. Otras personas no podrán votar por condiciones estructurales como la accesibilidad al local de votación. Nuestras identidades, pertenencias y circunstancias influyen en cómo ejercemos el derecho al sufragio, en teoría, universal. Yo, por ejemplo, votaré siendo afroperuana. 

¿Qué tiene que ver esta identidad con el ejercicio de mi derecho al voto? Pues mucho. Comenzaré por la historia. 

Durante el periodo conocido como la República del Guano, los varones afrodescendientes comenzaron a votar. Este cambio en las dinámicas los hizo figuras centrales en los discursos sobre las elecciones peruanas. Marcel Velásquez, en su libro Máscaras de la Representaciónidentifica en textos e ilustraciones de la época la representación de los afroperuanos como “ejemplos por excelencia de la ausencia de educación cívica entre los electores”. Aquellos afroperuanos (todos varones) que podían votar eran configurados como los responsables del fracaso de las elecciones en las primeras décadas de la república. 

La abolición de la esclavitud había dejado desprovistas y empobrecidas a las poblaciones afrodescendientes. Esto las convertía en vulnerables a las prácticas corruptas de aquellos candidatos que ofrecían pagar por votos. El intercambio monetario fue aprovechado por las élites para construir un discurso en contra de la participación de los afroperuanos en las votaciones. Ser elector, para Manuel Atanasio Fuentes, era un “oficio de negros”, apropiado por ellos al punto de excluir a los hombres blancos del ejercicio de su derecho. 

En realidad, el aparato estatal seguía bajo control de hombres blancos y sus élites. Los candidatos que compraban votos pertenecían también a la clase hegemónica e ilustrada. La participación de los afrodescendientes en las elecciones fue exacerbada para luego justificar su exclusión del espacio político, o para presentarlos como masas manipulables. De fondo, explica Velásquez, había un temor de las élites a la “disolución de las diferencias étnicas, la posibilidad de la elección de ciudadanos afrodescendientes para ejercer cargos en la esfera pública y a un eventual mundo al revés con el sometimiento de la comunidad blanca”.

Con una historia así, votar siendo afroperuana hoy es un acto de reafirmación de nuestra ciudadanía. 

Desde que voté por primera vez, me he visto forzada a votar por candidatos aun sabiendo que no priorizaban los temas que más me preocupan políticamente. El racismo y la discriminación racial ni se asoman en el debate, aunque sean transversales a muchas desigualdades y violencias. La pobreza en el país es racializada y nuestra pertenencia étnica y racial explica nuestro desigual acceso a empleos dignos. Las propuestas de los candidatos para erradicar la pobreza y generar empleos quedan incompletas cuando dejan esto de lado. 

Lo difícil de querer priorizar mis intereses y necesidades como electora es que son invisibles para la mayoría. ¿Cómo descartar una candidatura de acuerdo con su posición sobre el racismo cuando esta es simplemente oculta? No se conversó en el debate, no llegó a ningún titular, no hay una discusión pública sobre la agenda antirracista de quienes pretenden liderar al país. El racismo nos afecta a todas y todos en el día a día, y aún así no es públicamente importante. 

El racismo y la discriminación racial no son los únicos temas que me preocupan. No votaría por alguien que promueva la homofobia, la xenofobia o el clasismo. Están entre mis prioridades. Quisiera que así, el antirracismo también pasara a ser prioridad de otras personas no afroperuanas, no indígenas. El racismo no es sólo asunto nuestro. Es un problema político y público. Este domingo llegaré al ánfora como una electora afroperuana y votaré por la única plataforma política que reconoce esa especificidad. Esta vez, al menos hay una.  

1 comentario

  1. Roselie Caballero

    Hay muchos temas que se han dejado de lado o simplemente no se han ahondando en las entrevistas, debates, etc. Las mujeres, que hoy buscamos y luchamos la tan anhelada igualdad, también quedamos inconformes con los discursos políticos, ya que, si bien, se mencionan medidas muy pobres para la reducción de la violencia contra la mujer, nadie ha hablado de la estructura patriarcal a la que estamos sometidas. Y son problemas que, al igual que el racismo, clasismo, homofobia, xenofobia, dificultan el desarrollo del país. Porque no podemos hablar de un verdadero desarrollo sólo con crecimiento económico y con una sociedad con rasgos que minimizan a un porcentaje de la población.

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