Un ridículo que usa la x


¿Tienen razón en sulfurarse quienes critican el uso de la “x”, la “e” o la “@” para alcanzar la inclusión? Un análisis de alguien que ama las palabras.


Como hombre que escribe en español, la mayor parte de mi vida he navegado el océano de la comunicación en primera clase. Los primeros síntomas de que otros pasajeros no viajaban tan cómodamente coincidieron con las primeras manifestaciones de índole feminista en ese ámbito: mujeres que empezaban a escribir “todos y todas” en los correos, grupos que empezaron a teclear “querid@s” en las redes y, más recientemente, el uso de la “x” o la “e” para incluir en una palabra a todos los géneros.

           Confieso que tuvo que transcurrir algún tiempo para que me animara a usar alguna de estas novedades en mi comunicación cotidiana: soy un tipo que aprendió a leer allá en el siglo XX y mi formación se inició con libros que representan un mundo que ya no existe. Colocar una x como vocal aún se me antoja una mácula en el lenguaje, aunque me justifico diciéndome que se trata de una decisión estética más que ideológica. 

           Hace un par de años, un chiquillo que quiero mucho, gran lector, comentó en voz alta que no le gustaban estos cambios en nuestro idioma.

           —¿Has visto Los Simpson? —le pregunté.

           —Sí. 

           —¿Has visto cuando Dios aparece como un señor enorme de barbas blancas? ¿Qué crees que interioriza una niña cuando le dicen que lo más poderoso del universo es un hombre?

           El español es un idioma que tiende a perpetuar el lugar central de lo masculino en el mundo, tal como lo hicieron aquellos dibujantes. ¿Vamos a hablar en plural? Pues diremos “ellos”, joder: el mundo es de los hombres. Aparentemente, España no ha sido a través de los siglos un bastión donde la mujer tuviera mucha voz pública en el imaginario, al contrario del ruso, el inglés, el alemán, el finés y el quechua, entre otros idiomas, que sí son inclusivos en temas de género.

           No estaría escribiendo esto, por supuesto, si una anécdota puntual no hubiera llamado profundamente mi atención sobre el choque de mareas que se está dando actualmente en el uso de nuestro idioma. Ocurrió cuando esta cooperativa, Jugo de Caigua, lanzó su primer mensaje en las redes, y aludimos a nuestros escritorxs y divulgadorxs. No faltaron personas que comentaron que jamás nos seguirían porque “quienes se dicen escritores no pueden escribir así”. Los entiendo: todo conservador busca preservar los valores con los que creció y estoy seguro de que, si el inglés fuera tan excluyente como el español, muchos de los seguidores de Trump enarbolarían pancartas que gritasen Fuck Todes!

           Como dije, los entiendo, pero no los justifico.

***

           A pesar de que amo la armonía en el uso de las palabras, no puedo obviar las reivindicaciones que nos falta atender: ¿es mi concepción de belleza más importante que la postergación que sienten muchos prójimos? ¿Debe la estética prevalecer sobre la inequidad?

           Pero al margen del ángulo moral, también existe una razón práctica para justificar mi aceptación de esas x: el lenguaje es la herramienta más asombrosa que el ser humano ha inventado en su evolución. Y, como herramienta, sirve para solucionar problemas prácticos, y es factible de ser perfeccionada. 

           Exactamente como un software que se actualiza.

           El primer alfabeto fue el fenicio y, fruto de una sociedad comerciante y muy práctica, descartó la escritura pictográfica para tratar de graficar las sílabas. Una genialidad revolucionaria que, sin embargo, no registraba las vocales. 

           Digamos que se leía así: Dgms q s l s.

           Fueron los griegos quienes le añadieron las vocales y, tras esa actualización espectacular, usted ahora lee estas líneas con mayor comodidad.

           Luego de asomarnos a toda esta progresión, ¿no es patético que ahora estemos discutiendo por una letra?

           Las sociedades cambian y con ellas las palabras; tanto su enunciación como sus significados. Hoy el término “bruja” tiene un matiz distinto que en el siglo XVII, y todavía recuerdo cuando, de niño, “bizarro” significaba “valiente” y no “raro”, como hoy (una castellanización del término en inglés).

           Si una institución guardiana de las costumbres como la RAE comentó en su Observatorio de palabras el crecimiento del uso de “elle” como pronombre inclusivo —me recuerda al Vaticano animándose a hablar de los derechos de los homosexuales—, es porque sabe que la transformación es indetenible, a pesar de que unos días después se arrepintió. 

           Por mi lado, considero improbable —por no decir imposible—, que en mis relatos y novelas vaya a usar alguna vez la x, la @ o la e como parte del lenguaje narrativo: es, como ya adelanté, una concepción estética que he interiorizado desde pequeño y que otras escritoras y escritores se encargarán de pulverizar.

           Pero si en mis cartas y publicaciones en redes puedo incluir a más personas que se han sentido postergadas usando una actualización viva de esta herramienta, pues lo haré encantado.

           No se me vayan a sulfurar, chicxs. 

15 comentarios

  1. Leyla Aboudayeh

    Creo que es hora de inventar una vocal inclusiva. Una hermosa y empoderada. No me gusta la x ni la @, ni el uso de la e…

    • gr

      Como lo dije, querida Leyla, a mí también me arden en el ojo.
      El lenguaje encontrará su camino con el tiempo.

  2. Marco Antonio Panduro Vera

    ¿Por qué para mi mamá, para mi jefa actual y mis dos hijas adultas que trabajan y que también son jefes, no les es necesario usar esta concepcion estética del género de las palabras para tener autoridad y ganarse el respeto de los hombres que giran alrededor de ellas? Supongo porque les basta con su carácter, su personalidad e inteligencia, las que fueron adquiridas, en primer lugar, en sus hogares y moldeadas en sus centros de aprendizaje. Dale a las niñas un hogar con amor que favorezca su autoestima y un acceso a la educación que potencie sus habilidades, y el uso de un «lenguaje inclusivo» será solo una moda. Y como tal, pasajera. Sin lo anterior, poco importa como escribas los géneros de las palabras. No ayuda en nada a las mujeres a salir de su situación de discriminación y postergacion. En cuanto a la figura de dios-hombre, pues no creo que lrs afecte. Desde que ellas son capaces de concibir y dar vida, saben muy bien que cuentan con un poder natural, que a lo largo de la historia, han administrado de acuerdo a sus intereses. Ejemplos sobran.

    • John Gleiser

      Bien dicho, no añade valor ni ayuda a entender mejor esa moda de sumar más palabras a un texto sólo para pasar como “WOKE”, para no usar la palabra de los huevos de pescado Del Mar del norte ruso.

      • gr

        Lo que es verdad es que estamos en tiempos de cambios, y la transformación no es cómoda para todos, hasta que un nuevo consenso se asienta… y este luego es transformado, así, hasta el fin de los tiempos.

    • gr

      No sé si sea moda o se quede.
      Al final, el lenguaje es sinuoso, porque representa a la humanidad, que también lo es.
      Me encanta que las mujeres que lo rodean no requieran del lenguaje para afirmarse, pero parece que hay mujeres que sí.
      ¿Por qué yo, siendo hombre, me voy a arrogar el derecho de cuestionar lo que las motiva?
      Muchas gracias por el comentario y la amabilidad que hay en él.

  3. Martina Vinatea

    Los nombres epicenos ayudan mucho. Debiéramos usarlos más.

    • gr

      Además, digamos que el español no ayuda mucho si se le compara con otros idiomas.

  4. BEATRIZ CORDOVA PEÑA

    Todo ayuda a disminur las inequidades,

    • gr

      Ser sensible me parece más importante que ser implacable.

  5. Cecilia Garavito

    El cambio se da en la lengua también. Cuando hablo o escribo uso todas y todos. Sé que no se conforma con los patrones de la gramática castellana, y tengo muy buena ortografía, pero palabras como «we» en inglés son algo que deberíamos encontrar luego de esta evolución con @ y x. NI siquiera podemos decir nosotros de manera inclusiva. En quechua es Ñuqanchik/Ñuqayku, refiriéndose al nosotros inclusivo y exclusivo. No puedo escribir con @ y x en mis artículos, pero al menos trato de reconocer a los dos géneros. Sobre todes, creo que se refiere a las personas no binarias, pero no estoy segura.

  6. Jaime Marimon Pizarro

    Me quedo con Don Quixote…
    Saludos Xaime
    Ya funciono el corrector…!!

  7. Ross

    Recuerdo que hace un tiempo fuiste a mi ciudad natal por el día de la eliminación de la violencia contra la mujer y una campaña que se hacía en mérito a ello, y cuando te tocó hablar, dijiste que nuestra sociedad será mejor el día en que no necesitemos recurrir a campañas como esa para que las mujeres no sean violentadas, hoy podríamos decir lo mismo en el lenguaje, ojalá llegue el día en que no tengamos que afearlo para demostrar respeto e inclusión

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