Sufriendo desde lejos


¿Cómo se siente en el extranjero el desborde social del Perú?


Al aterrizar en Europa, en tránsito a un país del África occidental, me dejó muy preocupada ver en los televisores del aeropuerto cómo los noticieros locales emitían largos reportajes sobre el Perú. A mi llegada a África ocurrió algo similar: tarde, mañana y noche. No se trataba del mismo reportaje repetido, sino de novedades y pases de los conductores de los noticieros a los comentarios de los periodista responsables del buró de América Latina. Por supuesto, cada reportaje me hacía entrar en Twitter y a las novedades locales desde medios alternativos: la situación no mejoraba, no se identificaban canales de diálogo, la movilización hacia Lima iba in crescendo. No sé por qué se me quedó grabada la despedida de una compatriota a su familiar, quien partía a la capital en uno de los camiones: “¡Pregunta por qué no hay agua!”. Me quedé pensando, confusa, si la señora no sabía que aquella era una exigencia que en verdad debía hacerle a su autoridad municipal, o si tal vez se refería a la gran sequía que nos afecta.

Me pregunté, entonces, ¿cómo percibirían todo este remolino las parejas extranjeras de quienes son peruanos? ¿Y los peruanos afuera? Quizá lo hice debido a un diálogo que sostuve durante un par de días con un amigo europeo a quien conozco por su amor a mi gran amiga peruana, conversación que, por cierto, no intento imponer como una generalización.

“¿Quién tiene la responsabilidad de lo que está pasando?”, me preguntó. 
Mi respuesta fue que todos y cada uno de nosotros: hemos dejado que la política, es decir, el poder, lo detente quien tiene poco o nulo interés en construir una sociedad de iguales. “De acuerdo”, fue su respuesta, porque para él es inconcebible vivir en una sociedad donde tu salud depende de cuánto pagues, o que la calidad de la educación sea tan desigual, y que también dependa de cuánto puedes pagar. Para él, los niveles de desigualdades que ha encontrado en el Perú son excesivos, y debo aclarar que, para mí, también. 

Luego continuó con una reflexión sobre las ventajas de una buena educación abierta para todos en las escuelas públicas y de que puedas conducir tu vida con comodidad aun si eres carnicero o verdulero, es decir —y esto lo añado yo— sin tener que hipotecar tu casa ante la urgencia de una cirugía; y me recordó una conversación que tuvo con un tío suyo, electricista, que se ilusionó un rato con mudarse al Perú porque se imaginaba comiendo más rico y ejerciendo su trabajo: el señor cambió rápidamente de opinión al enterarse de que su trabajo sería valorado en solo un 20 % de lo que obtiene en Europa y que eso no le permitiría siquiera volver de vacaciones. 

Quizá debido a la impotencia que añade la lejanía, a la preocupación de mi amigo y su esposa peruana se le suman los comentarios que he recolectado de otras peruanas que también viven en el extranjero y que sienten los conflictos con mayor sufrimiento y tienen una perspectiva más oscura que la que tenemos estando en el país.

No es para menos.

Cuando el sábado pasado vi las primeras noticias de la demostración de brutalidad y maltrato de las fuerzas del orden en nuestra Universidad de San Marcos —porque sí, San Marcos es un orgullo del Perú—, la sensación de dolor por estar lejos me fue muy difícil de contener. No sé si por suerte o no, el algoritmo de Twitter —mi principal fuente de noticias— solo me mostraba la gran indignación de mis amigos y conocidos. También los reclamos de abogadas y abogados exigiendo que se respete el estado de derecho, ese que defiendo. Sin embargo, algunos “reposteos” incluían el tuit de un importante político de Fuerza Popular, que parecía estar desbordado de la felicidad al ver a peruanos echados en el piso, boca abajo, y con armas apuntándoles, en el entendido de que se trataba de terroristas. ¿Dónde quedó el debido procedimiento en un Estado en el que todos somos iguales ante la ley? 
No lo sé.
A veces, uno necesita alejarse para ver con claridad. 
Y también para pensar cómo responderse ante preguntas difíciles sobre lo obvio.


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5 comentarios

  1. Lucho Amaya

    Mala la forma de intervención a San Marcos.
    Malo el lapsus de Boluarte sobre Puno.
    Malo que nunca hayan protestado contra sus gobernadores corruptos.
    Malo que tomen aeropuertos.
    Malo el bloqueo de pistas.
    Mala la desigualdad
    Mala la pobreza
    Saludos

  2. Lucho Amaya

    Malo el racismo.
    Malo el que soy primario y tú no.

  3. Mariano Calderon

    Cuanto dolor, si…. pero en tu ser no hay siquiera un poco de dolor por los otros peruanos? por el policia quemado vivo? alguna sensibilidad por los 400 policias heridos, de los que todavía no te has horrorizado?? por los civiles heridos que nada tienen que hacer con esta protesta, con la gente que pierde su trabajo y de los que no pueden ir a trabajar y que son la inmensa mayoría de peruanos???.

    Ese floro socialistoide de los desplazados, desigualdades, etc se cae a pedazos porque simplemente no existe apoyo popular masivo en las calles. No logras esconder la realidad, de que esta es una protesta politica de unos cuantos comunistas radicales que han perdido el poder del ejecutivo y que via la violencia quieren dar un golpe de estado callejero en contra de una presidenta legitima y constitucional. Y si legitima, porque entenderas que si no estamos entre los 10,000 que protestaran a nivel nacional, es porque somos 32,9 millones que estamos encontra del salvajismo de las protestas comunistas.

    y NO, la tv te ha engañado, la protesta en Lima no está «in creccendo», por el contrario, cada vez va menos gente y la población nunca las ha apoyado.

  4. Cecilia

    Muy cierto Sra Barrantes. Para nosotros los peruanos en el extranjero y para todos los amigos del Perú, que alguna vez visitaron nuestra Patria, en estos momentos, el Perú nos duele profundamente.

  5. Yaku

    Profesora Roxana! Estar lejos es de la cosas más paradójicas que pueden haber. Se sufre cuando hay un fervor colectivo (mundial Rusia 2018) que no puede vivirse in situ. Y se sufre cuando las crisis políticas traen muerte y sufrimiento (Merino y ahora Boluarte). En la distancia uno le comienza a dar sentido a cosas que antes no eran perceptibles. El Perú es un país tremendamente racista. Cómo es estadísticamente concebible que los Quispe, Mamani, Vilca, Choquehuanca, sean proporcionalmente minoría en los cargos de responsabilidad respecto a su participación en la población? Yo no se, pero si no transitamos hacia una refundación de la republica, seguiremos siendo un país excluyente y racista. Hay procesos que duelen llevarlos a cabo, pero es menester hacerlo. La alternativa es la barbarie.

    Un fraterno saludo Profesora

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