¿Su candidato no se estará pareciendo a usted?


Algunas franquezas de cara a las inminentes elecciones municipales y regionales de octubre 


Hace unos días, recorriendo varios distritos de la ciudad, noté que muchos de los espacios públicos ya están cubriéndose de gigantografías y pancartas de caras sonrientes que buscan influenciar nuestra intención de voto. Me pregunté, entonces, ¿qué es lo que podría motivar a alguien a ser alcalde?

No me malinterprete. Soy la misma persona que hace algunos jueves abogaba por el ingreso de nuevas voces en la política, sobre todo si son jóvenes. Sigo estando convencida de que la participación de todos y todas es fundamental, y de que solo con nuestro ejercicio activo de ciudadanía iremos abandonando o superando esa idea de que “los políticos no nos representan”. Mi reflexión sobre este tema, más bien, se gatilló luego de ver en un par de esos carteles a “sujetos reincidentes”. Me refiero a aquellos políticos que vienen buscando un sillón edil en diversos distritos, elección tras elección, y que fuera del periodo electoral no realizan una labor de representación o involucramiento vecinal que justifique sus postulaciones continuas. Esto es, personas que vuelven a postular sin haber mostrado un involucramiento ciudadano activo o un trabajo de representación local. Me preguntaba entonces: ¿qué buscan? Lamentablemente, los cargos de elección popular están sujetos a un escrutinio cuasi vulgar que, en estos tiempos, excede el ámbito de la investidura, por lo que el trabajo por el trabajo no puede ser el fin único que persigan los repitentes. Por otro lado, si lo que se buscaran fuera mejorar los procesos en el distrito y representar a los vecinos, veríamos a estas personas participando de las juntas vecinales o de los procesos de presupuesto participativo; y más aún, veríamos un trabajo consistente en un solo distrito, no en varios aleatoriamente. Tal vez se trate de una búsqueda incesante de popularidad, pero, otra vez: los cargos de elección popular están profundamente devaluados, entonces dudosamente esta podría ser una motivación. ¿Serán otros beneficios? ¿La posibilidad de influencia? ¿Una cercanía percibida al poder nacional? (Hablando de esto, recordemos que uno de los candidatos con mayor intención de voto para Lima Metropolitana ya dijo explícitamente que solo postula a la alcaldía como un paradero más en su campaña presidencial: ver aquí y aquí).

¿Qué es, entonces, lo que busca un ciudadano sin vinculación previa a los procesos de su localidad en la alcaldía del distrito? ¿Y por qué siento que somos pocos quienes nos hacemos esta pregunta? Es cierto que no tengo una respuesta, sí acaso muchas interrogantes, pero quisiera pensar que de cara a las elecciones municipales y regionales que se avecinan, los votantes deberíamos ir definiendo a quién y quiénes vamos a elegir y por qué. Que, si bien uno de nuestros grandes problemas es la triste oferta de candidatos, esto también está relacionado a nuestras propias responsabilidades ciudadanas individuales y colectivas de informarnos, participar, fiscalizar y, a la postre, involucrarnos en los procesos de participación ciudadana y representación, más allá de los periodos electorales. 

El gobierno local es nuestro ámbito de representación más cercano y sobre el que nosotros, como vecinos, tenemos un nivel de influencia un poco más directo que frente al gobierno nacional. Es más fácil involucrarnos en sus procesos, informarnos sobre los mismos y hacer escuchar nuestra voz, además de contar con diversos mecanismos de participación. Podemos votar blanco/viciado, limitarnos a votar “por el menos malo”, o participar activamente para eventualmente, incluso, llegar a representar. Pero si elegimos las primeras opciones, mejor abandonemos el cinismo. El político que trata con desidia a la población, que no conecta o se vincula con ella, que “no escucha”, o que tiene en cuenta solo a sus intereses está actuando exactamente igual que los ciudadanos que no se involucran. Tratamos la elección de autoridades con la misma indiferencia e irresponsabilidad ciudadana con la que el político electo nos va a tratar luego. Este político que “no nos representa”, veremos entonces, ¡nos representa tan bien!Antes de irnos, y porque Lima no es el Perú, llamaré su atención sobre un reciente informe del equipo de investigación de Ojo Público que encontró, entre informes de la Contraloría y la búsqueda de antecedentes civiles y penales de los candidatos a los gobiernos regionales a lo largo de nuestro territorio, que 44 candidatos han sido sentenciados —en lo civil o penal—, que 14 candidatos tienen procesos penales en curso, y que sobre otros tantos aún pesan cuestionamientos de cuando fueron servidores o funcionarios públicos en diversas instituciones. Es, clara y efectivamente, una triste oferta electoral y un desalentador escenario político. Involucrémonos, entonces. Ejerzamos activamente nuestra ciudadanía. ¡El momento es hoy!


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