“Se tiene que retirar, ya no trabaja aquí” 


Testimonio de una periodista despedida por un Estado que dinamita nuestra democracia.


Leah Sacín Gavancho es una periodista peruana con diecisiete años de trabajo en medios de comunicación masiva. Ha sido reportera, productora, directora y conductora en distintos espacios. En 2020 fundó Voceras, una organización sin fines de lucro que lucha para cerrar la brecha de voces de mujeres en el debate público. Colabora como editora en el medio de periodismo independiente y feminista La Antígona. Es bachiller en Comunicación y Periodismo y realizó un diplomado en Comunicación Política, pero el título que más le agrada es el de mamá de una niña y un niño increíbles. 


El 31 de mayo pasado se anunció el nombramiento de una nueva presidenta en el IRTP, el Instituto que agrupa a la televisión y radio del Estado peruano. La persona elegida venía de Palacio de Gobierno, y no en un sentido figurado. Si bien el nombramiento recae en el Ministerio de Cultura —al que el Instituto está adscrito— la nueva persona a la cabeza de los medios de comunicación públicos tenía como trabajo anterior ser directora de Comunicación Estratégica e Imagen Institucional en el despacho presidencial. Fue una decisión de alto impacto. Lo sé de primera mano, porque por esos días me encontraba trabajando en el área de prensa de Radio Nacional, la radio de todos los peruanos. Pero no sería por mucho tiempo.

Faltaban solo unos días para que la nueva presidenta del IRTP cumpliera su primer mes en el cargo y ocurrió lo que se dijo que no iba a ocurrir: un giro total del timón en la televisión y radio públicas. Se pidió la renuncia de casi todas las gerencias, se dejaron de renovar órdenes de servicio y otras fueron congeladas. Cerca de una decena de trabajadores fueron retirados intempestivamente de sus puestos de trabajo y otros quedaron en el limbo. En mi caso, y a pesar de tener a cargo la producción general de prensa de Radio Nacional, solo recibí un informe verbal administrativo: “Perdone, pero se tiene que retirar, su orden de servicio no está vigente”. Y así me fui, luego de nueve meses de trabajo en los que vi pasar 4 presidentes ejecutivos y 4 gerentes en la radio. Todo un récord para el IRTP, que grafica la magnitud de la crisis. 

Y claro, mientras eso ocurría en los medios de comunicación del Estado, en el Poder Ejecutivo circulaban ministros y el 7 de diciembre de 2022 tuvimos un golpe de estado: durante esos nueve meses mencionados, tuvimos dos presidentes de la República y cinco ministros de Cultura. ¿Ven cómo la crisis política está muy relacionada a la crisis del IRTP? Y eso tiene una explicación tan sencilla como preocupante: la presidencia y las jefaturas principales del Instituto son nombradas por el poder político. A criterio, a gusto, a disgusto, o según lo que sea conveniente en la coyuntura respectiva. Si bien existen criterios y requisitos para la elección, nada asegura una gestión estable o un tiempo determinado de trabajo, pues hemos visto casos en que profesionales competentes no han durado ni dos meses. 

Y si la duración en el cargo de gerencias y jefaturas depende de la tormenta política que nos azote, la de los periodistas contratados por órdenes de servicio es la cumbre de la incertidumbre y la precariedad laboral. Quizás la señal de que las cosas no iban bien para una o para los “terceros” —periodistas contratados por breves plazos que se renuevan constantemente— era que las órdenes cada vez duraban menos meses. Primero te renovaban por tres meses, luego por dos, y ahora por un mes. Algo no iba bien. Pero como no tienes un vínculo laboral real con la institución, pues no es necesario que te comuniquen nada. Solamente no renuevan tu orden de servicio. El trámite es sencillo, pero el daño a la labor periodística es de fondo, y lo ha mencionado el Consejo de la Prensa Peruana en un comunicado del pasado martes 11 de julio: “(…) el Tribunal advierte que el IRTP está contratando por tiempo limitado a los periodistas, por uno o dos meses, lo cual promueve la autocensura y genera incertidumbre en los periodistas que permanecen en el cargo al inducirles el temor de ser despedidos (…).”

También la Asociación Nacional de Periodistas (ANP) se pronunció sobre la precariedad laboral para ejercer el oficio: “(…) expresa su solidaridad con los trabajadores de Radio Nacional y TV Perú que han sido informados verbalmente de la ´no renovación´ de sus contratos. Esto constituye un despido incausado y una práctica fraudulenta del IRTP. Desde la ANP, rechazamos esta práctica y denunciamos que la misma, además de violatoria de derechos laborales, constituye un ataque a las libertades informativas.”

La pregunta cae por su propio peso: ¿Se puede construir medios de comunicación sólidos, independientes, plurales y útiles para la formación de la opinión pública en ese contexto? ¿Se puede esto cuando la dirección de los medios públicos está atada en su destino a la inestabilidad política del país? ¿Tiene sentido que los puestos en el canal del Estado estén sujetos a la duración de un ministro, de un gabinete, de un presidente? ¿Más aún en un país como el nuestro, que vive en terremoto político permanente desde hace siete años? 

Espero se me disculpe la cantidad de preguntas, pero eso hacemos los periodistas, aunque a algunos políticos no les agrade. Sigo: ¿Es posible desarrollar periodismo independiente, veraz y crítico con el poder político de turno a cargo? ¿Cómo construimos medios de comunicación públicos que no dependan directamente de un ministro, que a su vez depende directamente de un presidente?

Y la paradoja también cae por su propio peso: ¿No es acaso justamente en tiempos de crisis, de inestabilidad, de conflicto y confrontación cuando los ciudadanos más necesitan medios de comunicación independientes y responsables que les brinden información? Mi humilde aprendizaje es que no se podrá construir el camino mientras el panorama político siga cargado de nubes e incertidumbre. Mientras quienes están en el poder no entiendan lo que significa el periodismo y que su función es opuesta a la de la comunicación institucional, seguiremos estando muy lejos de construir los medios de comunicación públicos, que nuestra democracia agonizante pide con urgencia.  


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