La vida no se cuenta en semestres


Hacer un doctorado es difícil, pero más difícil es seguir los consejos para sobrevivirlo.


¿Cómo tener una vida normal haciendo un doctorado? 

            El decálogo con que me topé decía: evita mudarte, no empieces relaciones, no adoptes una mascota, no pierdas la copia de tu tesis. Y lo más importante, en especial si eres mujer: que no se te ocurra tener hijos.

            Lo mismo te dicen en muchas universidades. No te lo dicen, te lo “sugieren”. Una amable recomendación si es que quieres ser un académico exitoso. 

            A un año y medio de haber empezado mi doctorado en Georgia Tech, voy por mal camino. Esta semana me he mudado, sigo gestionando una pequeña agencia de comunicación de la ciencia (Mitocondria) y mi asesor espera el avance de mi tesis sobre los museos de ciencia en el Perú. No tengo hijos, pero alimentar y atender mis cuentas de redes sociales es un sucedáneo. 

            Pero eso no es todo, también hay listas de “cosas que debes hacer para sobrevivir a un doctorado”: asistir a congresos, publicar artículos en revistas académicas (en algunos programas de doctorado te piden uno o dos por año), ser parte de comités dentro de la universidad, hacer pasantías en otras universidades o instituciones, pertenecer a sociedades profesionales. En suma, todo lo que puedas hacer para demostrar que eres multifacético. 

            Entre lo que tienes que hacer y lo que no tienes que hacer, también te dicen que estudiar no lo es todo. Para ser un académico exitoso debes tener una vida social. ¿Cuándo? Eso no queda muy claro, pero “es súper importante”. En Perú, no hay forma de escaparse de la vida social. Todos los fines de semana hay cumpleaños, bautizos, polladas o lonchecitos. Pero en otros países, a la vida social hay que salir a buscarla. 

            Todos los consejos y mandatos llevan también a puntos de quiebre. Es usual encontrarse con estudiantes con cara de pocos amigos, profesores que tienen el paquete de pañuelos a la mano para cualquier llanto repentino, bibliotecas que abren 24 horas y una cifra alarmante de suicidios. Cada vez que muere un estudiante, mi universidad envía un correo que explica lo ocurrido y nos recuerda las opciones de apoyo psicológico. Me puedo acostumbrar al frío o a la comida congelada, pero nunca a esos correos. 

            Desde fuera es algo difícil imaginarse la vida de un académico o un científico, pero desde adentro tampoco se conoce más. Cuando hablé con mi asesor sobre mi tesis, me preguntó si estaba obsesionada con el tema. No interesada: obsesionada. Con orgullo le dije que sí. Y me dijo que bien, porque si no, no hay manera. Esas obsesiones que tenemos por el conocimiento, también nos ciegan. El amor a la ciencia o a la historia no bastan para pagar el alquiler o para llegar contentos al fin de semana, también tenemos que exigir mejores condiciones. Todo esto es difícil, los que estamos en la academia a veces asumimos las quejas o los descansos como falta de compromiso. Y lo peor es que así se lo repetimos a los demás.

            En marzo pensaba que la pandemia no iba a afectar mi día a día. Me reía diciendo que la vida del estudiante del doctorado no era muy diferente a una cuarentena: “igual solo estoy en mi casa y en la biblioteca”. Pero no calculé que, para seguir escribiendo mi tesis y tener nuevas ideas, necesitaba la cerveza de los miércoles con mis amigos, las fiestas latinas de los sábados, las caminatas entre mi casa y la universidad para aterrizar conceptos y los espacios para ver a mi familia y amigos, que me recuerdan que existe vida más allá de la biblioteca. 

            Hoy ya es diciembre y la rutina de muchos estudiantes se ha convertido en viajes de la cama al escritorio, y viceversa. Con el fin del año  llegan momentos de  tomar decisiones: empezar una carrera, graduarse, apuntarse a una maestría o cualquier otro proyecto que la incertidumbre de la cuarentena complica aún más. 

            Sin embargo, el decálogo que comenté al inicio se olvidó de algo importante: evita inestabilidades políticas. Pero si vives en el Perú, es imposible. Imposible para los que vemos las noticias, pero también para quienes se supone que tenemos que encontrar soluciones a los problemas de la sociedad. Tal como me preguntaba aquí hace unas semanas: ¿cómo investigas mientras tu casa se está incendiando? Aunque las universidades en el extranjero abogan por la diversidad, la mayoría no comprende la dualidad de los estudiantes internacionales: “¿qué pena que en tu país cambiaron dos presidentes en una semana, pero… ¿acabaste el informe?”.

            La lista también decía que no deberías tener ningún proyecto personal. 

            ¿Un proyecto como Jugo de Caigua? 

            Oops, que esta columna quede como un secreto entre nosotros.

6 comentarios

  1. Laura Asto

    Coincido en que para una mujer es más difícil continuar con la vida académica y la maternidad al mismo tiempo, yo dejé la maestría en el 3er. Ciclo con mi último embarazo por ser de alto riesgo. Confieso también que no me siento ofendida con facilidad, sin embargo que compares alimentar y atender tus redes sociales con alimentar y atender a hijos no guarda proporción.
    Felicito tu trabajo, empeño y tus artículos científicos son acertados, sin embargo tenía que decirte lo que me hizo sentir como madre leer ese fragmento . Un abrazo.

    • zeta

      Pensaba que esta sensación de existir solo de la cama a la compu con los libros era solo algo de doctorado pero ahora que estoy haciendo una tesis de pregrado veo que la investigación en cuarentena duele de forma similar en todos los niveles 🙁

    • alejandraruizleon

      Gracias, aprecio tu comentario, no era una comparacion directa, si no queria expresar que me sentia desbordada por la atencion que requiere manter redes sociales activas, en mi caso generando contenido educativo, no redes de uso particular. El uso de palabras no fue el adecuado para el mensaje que queria expresar. Pero gracias por el comentario porque asi lo puedo precisar 🙂

  2. Daniel Tello Trillo

    Si esto es un tema dificil, sobretodo con personalidades que nos entusiasmamos por hacer varios proyectos. Hay varias maneras de approach this, pero en si, cierto que es parte de un descubrimiento personal sobre que funciona para ti. Si de casualidad tengas tiempo para un audiobook (Make Time by Jake Knapp & John Zertasky) es mi recomendacion, no te va a cambiar la vida, ni responder a todas las preguntas, pero ayuda a motivar y mejorar marginalmente.

    • alejandraruizleon

      Anotado, y si es audiolibro mejor!

  3. Jorge Gonzales Gonzales

    Yo soy estudiante de pregrado, es intenso pero al parecer se puede poner más. Recuerdo que la primera vez que escuche hablar sobre suicidios en estudiantes fue a través de un amigo que se fue a estudiar al extranjero le hablaron del tema, me quede frío y cuando me puse a buscar información en estadísticas encontré que es un causa común de muerte entre estudiantes, mucho ojo con no descuidar su vida social y pedir ayuda.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

trece − seis =

Volver arriba