La discusión más inútil sobre las vacunas

Natalia Sobrevilla
febrero 28, 2021


Lo público versus lo privado no es el problema de fondo 


A un año de enfrentar la actual pandemia las vacunas por fin parecen ofrecernos una salida. Sin embargo, aún no queda claro cuándo las tendremos todos en el cuerpo y al ver cómo en otras partes del mundo la gente ya está siendo vacunada, la impaciencia crece. Con la desesperación surgen discusiones estériles: esta semana, tras el escándalo de las vacunas con vara, una recatafila de candidatos y ciudadanos se ha volcado a exigir la privatización del proceso de vacunación. Su argumento es muy sencillo: el Estado es incapaz. 

            No importa cuántas veces se haya repetido que las vacunas son un bien público además de escaso y que, por lo tanto, no debe ser liberado al mercado. Tampoco importa cuántas veces se señale el ejemplo de Estados Unidos –una de las sociedades más capitalistas del mundo– donde no se puede acceder más rápido a una vacuna pagando. En dicho país existe un estricto orden de prioridades y el manejo se da a nivel federal: sus estados no pueden negociar de manera independiente con quienes producen la vacuna y mucho menos las empresas. Y en el vecino de su frontera norte han surgido escándalos porque algunos canadienses con dinero han buscado sortear al Estado, unos haciéndose pasar como población vulnerable y otros viajando a Baréin a conseguir su vacuna. 

            El problema, en realidad, es más profundo que una pugna entre lo público y lo privado: los laboratorios sencillamente no producen suficientes vacunas y los países ricos las están acaparando. Si bien la distribución de las vacunas es pública, la producción es privada. No se trata entonces de si el Estado peruano es capaz o incapaz, porque el problema es global. Algunos de los laboratorios que producen vacunas son privados, pero reciben fondos públicos; otros son públicos, pero negocian como privados. Algunos han decidido vender a precio de costo, mientras que otros proyectan tener grandes ganancias. Además, los precios de las vacunas no son enteramente transparentes y se dan tarifas diferenciadas. Por ejemplo, Sudáfrica debía pagar $ 5.25 por dosis de Oxford/AstraZeneca, mientras que a la Unión Europea le cuesta solo $ 2.15. ¿Por qué? Porque la UE ha invertido en la investigación y el desarrollo de la vacuna.

            Los países que tienen más recursos se han puesto a la cabeza de la fila y han comprado muchas más vacunas que las que necesitan, y los países con billeteras flacas –o con organizaciones menos sólidas– hemos quedado relegados al final. En Israel, en ciertos estados del Golfo Pérsico, en el Reino Unido y en Estados Unidos las campañas de vacunación avanzan a pasos agigantados. Como muestra de su poder adquisitivo, Israel ha pagado en promedio $ 23.50 por cada dosis de Pfizer y Moderna y, como son dos las dosis requeridas, vacunar a cada israelí ha costado casi cincuenta dólares.

            Por otro lado, China y Rusia producen sus propias vacunas y las están usando para promover sus intereses en un despliegue de “poder blando”: a diferencia de las potencias occidentales, buscan que la mayor cantidad de gente se inocule con ellas. Incluso la India, si bien no desarrolló su propia vacuna, tiene la mayor capacidad de producción en el mundo y se ha dedicado a donar vacunas a sus vecinos. Las Naciones Unidas han llamado la atención sobre esta disparidad en el acceso y están haciendo lo posible por conseguir vacunas para distribuirlas a través del sistema Covax. Algunos filántropos han destinado parte de sus millones a asegurar la vacunación en el mundo. Pero todo es poco.

            Hasta que el planeta entero no esté vacunado nadie estará seguro: las mutaciones liberadas pueden llevar a que las vacunas dejen de ser efectivas. Ayudar a que los demás se vacunen no es solo un tema moral o de caridad, como muestra el estudio de la Cámara de Comercio Internacional, ya que el costo de dejar a los países más pobres sin vacunas es mucho más alto que el costo de hacer que las vacunas sean accesibles.

            En resumen, estamos ante un problema global, pero la solución se está dando a nivel de los estados. Este análisis también es válido cuando lo trasladamos a nuestro propio entorno social: si quienes más tienen no piensan en todos los demás, nunca terminaremos con esta pandemia.

4 Comentarios

  1. Isabel Perea Sobrevillla

    Clarísima información

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  2. Nilo

    El ser humano tiende a ser egoísta, miremos cuando recién salió la pandemia y muchas personas compraban papel higiénico y agua a montones sin pensar en nadie más.

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  3. Mariana

    Clarísimo. Vivo en Suiza, uno de los países más ricos y eficientes del mundo y la vacunación es súper lenta porque no hay vacunas simplemente, no ha llegado el pedido. Y esta es la situación de todos los países del mundo.

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Natalia Sobrevilla

Estudió Historia en la PUCP y es PhD en la misma materia por la Universidad de Londres. Actualmente tiene a su cargo la cátedra de Historia Latinoamericana en la Universidad de Kent. Viene investigando sobre la formación del Estado y la cultura política en los Andes desde fines de la Colonia hasta el siglo XIX. Es autora, entre otros, de los libros Santa Cruz, caudillo de los Andes y Los inicios de la república peruana.