En el laboratorio del Dr. Málaga

Alejandra Ruiz León
febrero 22, 2021


La trastienda de una historia de horror y vacunas


El #VacunaGatePerú se inició con el destape de que el expresidente Martín Vizcarra se había vacunado en circunstancias sospechosas y nuestro enfado fue rápidamente demostrado con los adjetivos que le endosamos. Hasta entonces, manteníamos un respeto mínimo por Pilar Mazzetti, quien decidió renunciar dignamente ante el congreso, y por Germán Málaga, un científico dedicado a la investigación. 

            Un comunicado del presidente Sagasti arrancó de cuajo esta percepción cuando anunció la existencia de una lista de 487 vacunados que incluía a Pilar Mazzetti, a Germán Málaga y a todo personaje público que nuestra imaginación y desconfianza pudieran imaginar.  

            Antes de que se publicara la lista, algunos implicados empezaron a declarar en un acto desesperado por normalizar su vacunación. Mientras que la ciudadanía intentaba encontrarle alguna lógica a esta situación, a sus oídos llegaban las excusas más inverosímiles: la canciller Astete nos recordó que ella no podía darse el lujo de caer enferma, Pilar Mazzetti apeló al miedo que sentía; la exministra de salud, Patricia García, dijo que “la vacunación al personal se utiliza  en ensayos clínicos de vacunas de COVID” (spoiler alert: por ahora, este es el único estudio en el que sabemos que se ha vacunado al personal de investigación) y el viceministro de salud, Luis Suárez Ognio, se justificó con el riesgo de contagio con el que vivía su familia. 

            Con las horas, las excusas se volvieron más asombrosas y algunas alcanzaron categoría de broma. Sin embargo, para los implicados estas excusas eran “razones” que el público tenía que entender, razones que solo tienen sentido en un mundo particular: el laboratorio del Dr. Málaga.

            Para emitir un veredicto razonable sobre el #VacunaGatePerú, hemos recurrido a epidemiólogos, médicos e investigadores que nos fueron brindando un punto de referencia sobre cómo se realiza una investigación médica. Desde fuera, todos los laboratorios nos parecen iguales y la investigación se presenta como un manual de normas, pero la verdad es que no hay dos laboratorios iguales. Cada uno es un mundo. Para comprender el del Dr. Málaga debemos observarlo desde la perspectiva de quienes tienen a los científicos por objeto de estudio: los historiadores de la ciencia, los sociólogos de la ciencia, los investigadores de CTS (Ciencia, Tecnología y Sociedad), entre otros.

            Mientras escuchaba las declaraciones del Dr. Málaga y sus implicados no podía dejar de pensar en el libro La vida en el laboratorio, de los sociólogos de la ciencia Bruno Latour y Steve Woolgar. En él, ambos nos presentan a los laboratorios como estudio de campo. Cual documental de National Geographic, Latour y Woolgar nos invitan a explorar el laboratorio de Roger Guilllemin en el Instituto Salk, donde se estudiaba la hormona liberadora de tirotropina (TRH). 

            Salvando las distancias, algunas de las conclusiones de Latour y Woolgar se aplican al caso de #VacunaGatePerú. Los laboratorios siempre tienen a un investigador principal que ocupa el cargo por su experiencia profesional y la calidad de sus investigaciones. Esta persona se encarga de dirigir el laboratorio, indica cómo se realiza la investigación y es ella quien recibe los reconocimientos. La confianza en estos investigadores está ligada a los resultados de sus investigaciones y, en este caso, al ver los intentos del Dr. Málaga por salvar el estudio de Sinopharm es imposible no cuestionar –al menos un poco–, el estudio en sí. 

            En el laboratorio del Dr. Málaga, el fin último era la publicación de los estudios clínicos de la vacuna de Sinopharm. Este fin “objetivo”, necesario para el país y bueno en esencia, merecía, aparentemente, la realización de cualquier acto para protegerlo, incluidos los ilegales. Hay otros involucrados que también querían ser reconocidos por este fin –como los estudiantes que se sentían privilegiados por haber sido llamados al estudio ya sea por sus notas o por sus capacidades de investigación– y este privilegio también los llevó a no cuestionar una vacunación que se daba antes de tiempo. Una excusa del tipo “es lo normal, es lo que se hace en los estudios clínicos”, puede ser suficiente para quien nunca ha estado en un estudio clínico, pero la realidad es otra. 

            Tanto el Dr. Málaga como sus críticos cierran filas al defender una sola causa: la ciencia. “La ciencia no se mancha”, “la ciencia es objetiva”. La idea misma de la ciencia como ente objetivo nubla cualquier oportunidad de cuestionamiento. Para ellos, el caso de #VacunaGatePerú podría haber ocurrido en cualquier lugar, ignorando que el laboratorio del Dr. Málaga solo es una réplica del contexto en el que se encuentra. Y el contexto es el Perú, un país con una historia de corrupción a todo nivel. 

            La lista de los vacunados presenta los mismos grupos que otros casos de corrupción: políticos, autoridades encargadas de la regulación, personajes influyentes que podían asegurar fondos, empresarios, rectores, colegas, entre otros. Cada uno de ellos cumple un rol en el mundo del Dr. Málaga. Incluirlos en el proceso de vacunación equivale a incluirlos en la investigación. Todos juntos remarían por alcanzar un fin en común: la vacuna de Sinopharm. 

            Las vacunas son un bien público de extrema necesidad, como lo son los puentes, las carreteras y los hospitales. Para los ciudadanos son necesarias y para los corruptos pueden ser maneras de engordar la billetera. El propio estudio de la vacuna de Sinopharm fue la plataforma que motivó y dio espacio para los hechos que ahora llevan a dudar de la ciencia. Mientras continúan las investigaciones, nos queda preguntarnos: ¿las vacunas extras podrían haber ingresado sin un estudio clínico en proceso? ¿Se habrían distribuido esas vacunas con otro investigador principal? ¿Habría sido Sinopharm el primer laboratorio en enviar sus vacunas?

            Mientras esperamos las respuestas, empezamos a ver parte de la solución: la democratización de la ciencia. Este proceso se está dando desde varios enfoques. Uno muy necesario proviene de un grupo de científicos muy activos en redes sociales que aportan puntos de vista diferentes, nos ofrecen puntos de comparación, y cuyos títulos los defienden de la argolla académica del Perú. Por otra parte, tenemos a los voluntarios del estudio de Sinopharm. Mientras se saltaba todas las normas de investigación, el Dr. Málaga daba cátedra de cómo realizar un estudio clínico de altos estándares y los voluntarios tomaban nota atentamente. Fueron ellos quienes salieron a comparar sus cartillas con la trucha de Vizcarra y son ellos quienes pueden reclamar el mal uso de las vacunas mientras ellos recibían los placebos. Y, por último, está el público informado que, con una llamada en señal abierta de TV, nos recuerda que los títulos no otorgan ética.

          

            

10 Comentarios

  1. Jaime

    Excelente refresco sobre la ética, que al fin de todo es lo más importante, sin ella no hay actuación correcta de las personas

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    • Gian Carlo

      En relación a que los voluntarios del ensayo clínico en Perú recibieron placebo o vacuna va los de la lista de 487 que recibieron la vacuna estás confundida, mezclas papas con camotes. Los voluntarios siempre tienen la probabilidad de recibir placebo o vacuna, de eso se trata precisamente un ensayo clínico, algunos recibirán vacuna y otros tantos recibirán placebo, el grupo control, para de allí sacar conclusiones científicas, válidas. El lote de 3200, todo de vacunas, no vino para el ensayo, vino directamente para ser usado a criterio del investigador principal en personas fuera del grupo de voluntarios, si eso es inmoral o falto de ética por supuesto que lo es, si es ilegal no lo creo, no está normado. Las autoridades de la UPCH, el INS, Digemid, Minsa, RREE, los políticos, lo supieron desde agosto pasado o antes, nadie dijo nada porque todos querían vacunarse, luego lo usan en sus peleas políticas y delincuenciales sin importar el precio que el pueblo peruano pueda pagar al quedarse sin vacunas de Sinopharm, porque ese riesgo existe. Tu crees que eso solo sucede en el Perú? Estás equivocada, sucede en muchos países del primer mundo también, eso y cosas peores. No quiere decir que voy a justificar a Málaga o a Vizcarra o a cualquiera que haya recibido la candidata a vacuna, es corrupción. Pero ojo, la vacuna podría no haber funcionado en la sangre de los peruanos o causado efectos adversos graves, ese es el riesgo que todos los que se la pusieron han corrido, sea la voluntarios del ensayo como también los sinvergüenzas que de vacunaron con el lote de 3200.

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  2. pilar

    excelente como cada lunes! sin drama ni lamentando a la ciencia misma, que sigue siendo ellado más fuerte en este entuerto! gracias por tu claridad comunicacional y sustento argumentativo.

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  3. Mimi Corante

    Sobre «todos juntos remarían para alcanzar la vacuna de Sinopharm». Creo que es importante desmenuzar los conflictos de interés relacionados a la vacuna de Sinopharm. Por un lado, tenemos el conflicto de interés de los que financian el ensayo y lo llevan a cabo: si la compañía comercializadora del producto es la misma que finanacia el ensayo, y los investigadores que lo llevan a cabo son empleados que reciben una remuneración por parte de la compañía, ya tenemos ahí el primer conflicto de interés, más alla de si los endulzaron también con la vacuna. Este conflicto de interés afecta a la confiabilidad en los resultados de eficacia y seguridad que se publiquen sobre la vacuna, y se daría con o sin «vacunas extras», que en todo caso pueden verse como un incentivo adicional. Entonces, lo que se hace con esto es interpretar los resultados sobre la base de un análisis crítico del diseño y metodología del estudio, teniendo en consideración este conflicto de interés. Lo que quiero decir es que, en mi opinión, la respuesta no es tachar de arranque los resultados y clasificarlos como «no confiables». Este conflicto de interés siempre existe y se tiene que lidiar con eso. Por otro lado, totalmente diferente, está el conflicto de interés fuera de la investigación per se y relacionado mas bien a la compra de las vacunas. Este conflicto de interés afecta la confiabilidad sobre la objetividad del gobierno al decidir proceder con las negociaciones son Sinopharm y dejar de lado otras negociaciones que podrían haber sido beneficiosas para el país, básicamente una coima. Esto, desde mi perspectiva, sería lo más grave, y solo me queda rescatar que, por suerte, la vacuna de Sinopharm sirve, y esta preferencia no nos ha llevado a comprar millones de placebos inservibles. De todos modos, creo que es importante tener presentes a todos los actores de esta novela de vacunas-coimas cuando decidamos nuestros votos en abril.

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  4. Wagner Rieti Arias Llallico

    Excelente articulo, aún falta mucho por entender, estamos a la espera de saber más sobre el caso VACUNAGATE, saludos y que tengan un buen Lunes

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  5. Beatriz

    Aún quedan muchas mas sorpresas, pero también me parece que se puede ver una luz a regular puntos sueltos que muchos «investigadores» aprovechan para el mal uso de los recursos, ya sean público o privados, diciendo en honor a la «ciencia», cuando siempre sería en honor a su billetera.

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  6. Richard Guzmán

    Buen análisis. A veces pienso que debería haber una vacuna de ética.

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  7. Saul Aranibar

    La vacuna no puede ser un bien publico por la misma naturaleza que tiene. Por favor, recomiendo leer mas sobre el tema para no desinformar a la gente.

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  8. Liberdi

    Que buen final,los títulos no otorgan ética, buen artículo.

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  9. Yaneth

    Excelente artículo, con un buen análisis de los principales actores. Así pues, los títulos no otorgan ética.

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Alejandra Ruiz León

Es bioquímica y magíster en Comunicación Científica y en Historia de la Ciencia. Actualmente realiza estudios de doctorado en Historia y Sociología de la Ciencia en Georgia Tech, Atlanta. Ha creado espacios de encuentro entre la ciencia y la sociedad como Piura con Ciencia y Mitocondria.