El inflado protagonismo de Lima

Natalia Sobrevilla
diciembre 27, 2020

La Independencia de Trujillo hace 200 años nos recuerda que Lima nunca fue el Perú


Esta semana se conmemora un importante hito del Bicentenario: la Independencia del norte del Perú. Las discusiones sobre el rumbo histórico que debía seguir la intendencia de Trujillo comenzaron el 24 de diciembre de 1820, cuando un cabildo abierto decidió por unanimidad separarse de España. Cinco días más tarde, el intendente José Bernardo de Tagle, marqués de Torre Tagle, proclamó la Independencia en la ciudad de Trujillo. Lambayeque había intentado adelantarse al acto público el día 27, pero no logró hacer más que una jura en una casa privada y, al no tener el auditorio conveniente, esta no fue ratificada hasta el 31 de enero. Mientras tanto, Torre Tagle envió instrucciones para que se proclamara la Independencia en el resto del territorio a su mando y así se hizo: en Piura, Cajamarca, Hualgayoc, Chota y San Pedro de Lloc, entre otros centros poblados importantes, todos con el apoyo de los cabildos locales.

           ¿Por qué importa recordar estos hechos? En gran medida, para poner en perspectiva lo que significa realmente la Independencia del Perú y dejar de lado la noción de que esta se debió a un evento único dado el 28 de julio de 1821 en Lima. El proceso emancipatorio fue mucho más que ese acto y, como peruanos, es necesario tener una visión amplia que incluya a todos quienes en su momento decidieron apostar por un nuevo arreglo político que hizo posible la existencia del Perú que conocemos hoy. Si bien Lima era la capital del Virreinato y la ciudad más importante de la región, la Independencia no comenzó ni terminó allí, lo que deja en claro que no se trataba de un lugar indispensable para sus fines. La primacía que Lima tiene hoy en el país, así como la narrativa que se ha construido sobre la Independencia, oscurecen el papel que tuvieron las demás regiones en el proceso y le otorgan a la capital un protagonismo mayor al que realmente tuvo.

           Ahora que conmemoramos el Bicentenario, tenemos la oportunidad de tomar en cuenta la asimetría que se le otorga a los eventos que suceden en Lima en comparación con los que se dan en otras regiones y preguntarnos si nos ayuda a pensar un mejor proyecto de país para los próximos 200 años. La realidad ha demostrado ser muy distinta a la percepción centralista con la que conmemoramos la Independencia. Por ejemplo, las recientes manifestaciones que llevaron a la caída del régimen instalado por el Parlamento en noviembre último se dieron en todo el país, y el paro agrario ha tenido lugar principalmente en Ica y en Virú, con penosas muertes que lamentar en ambos territorios. Por mucho tiempo las demandas de quienes viven en las regiones del país no han sido atendidas, ni escuchadas por quienes habitan el centro. ¿Ha habido responsables, por ejemplo, del conflicto de Bagua en 2009? 
Es hoy cuando debemos involucrarnos en la situación política y preguntarnos, ¿por qué protestan los trabajadores del agro? ¿Por qué llevan años las protestas contra las industrias extractivas? Por mucho tiempo, quienes viven en Lima han preferido no hacerse estas preguntas.

           El Perú requiere muchos cambios y esta es la oportunidad para pensar en ellos, más aún cuando al Bicentenario se le suman las próximas elecciones generales. Recordemos que todo el norte del Perú fue independiente desde diciembre de 1820 y que, a diferencia de Lima, nunca volvió a ser ocupado por los realistas. Evoquemos que la Independencia se conquistó con el apoyo de muchas regiones y localidades del Perú y, con esto en mente, pensemos en qué país queremos construir de ahora en adelante. 

           Lima no es el Perú. Nunca lo fue.

1 Comentario

  1. Marco Antonio Panduro Vera

    Mientras que las decisiones de gasto se tomen en Lima, seguirá «siendo el Perú». Y mientras las demás regiones del Perú no sepan gastar, prevalecerá dicha idea.

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Natalia Sobrevilla

Estudió Historia en la PUCP y es PhD en la misma materia por la Universidad de Londres. Actualmente tiene a su cargo la cátedra de Historia Latinoamericana en la Universidad de Kent. Viene investigando sobre la formación del Estado y la cultura política en los Andes desde fines de la Colonia hasta el siglo XIX. Es autora, entre otros, de los libros Santa Cruz, caudillo de los Andes y Los inicios de la república peruana.