Dime a quién admiras


Las posibles razones detrás de nuestra admiración por otros 


El Día de la Mujer reúne una fuerza incontrolable de mensajes y sentimientos. Para algunas personas es una oportunidad para reflexionar sobre los avances y retrocesos que hemos visto en el año; para otras, una excusa para saludar a sus amigas y familiares, y para algunos desubicados es el momento para recordarnos los obstáculos que la sociedad le impone a las mujeres. 

En las entrevistas que se realizan por este día no falta la pregunta sobre a qué mujeres admiras. Una respuesta esperable se refiere a  nuestras madres, tal vez a alguna jefa que causó un impacto en nuestra carrera, a una heroína de los libros de Historia, o  a alguna CEO de las páginas de LinkedIn. La admiración hacia ellas no es poca cosa, y menos aún se trata de una respuesta aprendida: es un sentimiento que aprendemos a desarrollar y que, sospechan los científicos, probablemente tenga un componente evolutivo. 

La admiración es parte de un grupo de emociones positivas, como la gratitud o la plenitud que sentimos cuando vemos a alguien moralmente ejemplar. Estas emociones están relacionadas al elogio de otras personas y expanden nuestras perspectivas o nos ayudan a identificar habilidades que queremos mejorar. Según los psicólogos Algaoe y Haidt, la admiración es una repuesta a la excelencia no moral de una persona y se da cuando vemos el desarrollo extraordinario de habilidades, talento o logros. Cuando admiramos a alguien, consciente o inconscientemente, queremos replicar estas habilidades. 

Según algunos estudios, la admiración es un sentimiento que hemos mantenido durante generaciones y generaciones, pues nos ayuda a tener modelos a seguir dentro de nuestras comunidades. De estos modelos aprendemos a comportarnos en nuestros ámbitos cercanos y aspiracionales. Las respuestas del Día de la Mujer nos ilustran esta definición. Muchas personas incluimos en nuestra lista de admiración a mujeres de nuestro círculo cercano, como mamás, tías, abuelas, pero también a mujeres del ámbito profesional que no conocemos directamente, pero que percibimos como modelos a seguir. 

Pero la admiración no solo se trata de pensar positivamente en otros, también podría tener un efecto en quien admira. En un estudio publicado en Contemporary Educational Psychology, las investigadoras Immodrino-Yang y Sylvan argumentan que la admiración puede contribuir a la percepción de uno mismo. Según ellas, admirar a una persona puede llevarnos a cambios en nuestra percepción personal, impactando positivamente en cuán capaces nos vemos o cuán motivados estamos para alcanzar nuestras metas. Además, la admiración que sentimos por otros puede significar una mejora en nuestras acciones, incluso cuando quienes admiramos son personas famosas y por ende alejadas de nuestros círculos sociales. 

La relación entre la admiración y la motivación es aún una teoría por confirmar. Sin embargo, podemos imaginarnos ejemplos de nuestro día a día en que usamos la admiración para producir un cambio en nosotros, como cuando alguna persona tiene una foto de un deportista que quiere imitar, o cuando seguimos en redes sociales a personas que admiramos para saber más de ellas, cómo se organizan, cómo lograron estar donde estar, dónde estudiaron, etc. 

Leyendo los artículos sobre la admiración pensé en dos anécdotas que me ocurrieron en las últimas semanas. Curiosamente, ambas están relacionadas con Jugo de Caigua, y para ninguna encontré artículo científico que las explique. En la primera ocasión, yo había compartido en Instagram una publicación de Natalia Sobrevilla sobre su travesía BICIntenaria. Una chica me respondió que ella hacía rutas en bicicleta y que, independientemente de ello, era lectora fiel de Natalia y que se sentía feliz de ver que sus dos intereses se encontraban, algo que no le ocurría a menudo. Yo me sentí feliz por ella, sin poder explicar muy bien por qué. Unas semanas después, Sharún Gonzales se unió a una de las salas de estudio virtual que organizo los fines de semana. Algunas de las chicas que estaban en la sala la reconocieron y sus caras de concentración cambiaron automáticamente a una alegría, que luego confirmaron diciendo que eran fans de las columnas de Sharún. Nuevamente me sentí feliz, sin poder explicar muy bien por qué. 

Ambos momentos podrían ser descritos como fangirling, o expresar admiración verbal y física hacia una persona. Para algunos, mostrar admiración es algo negativo, algo que solo hacen las adolescentes, las fans enamoradas. Pero en ambos casos, presenciar la admiración hacia una persona cercana fue un momento de felicidad. Como dije antes, la admiración es aún un fenómeno por terminar de descubrir. No sabemos exactamente cómo se siente una persona admirada o una persona que presencia la admiración. Sin embargo, sabemos que es algo que nos hace humanos y que alivia nuestra supervivencia, ya sea en el mundo familiar o laboral.  Preguntarnos a quién admiramos es más que una pregunta repetida por el Día de la Mujer: es detenernos a pensar a quiénes seguimos y a dónde queremos ir. 

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